Uno de los dos perros de Maialen Gurbindo asoma por la parte de atrás de su coche, pero esta cantante navarra residente en Tafalla, de 32 años, ni se inmuta mientras habla sin filtros sobre la vida en la carretera, las etiquetas musicales y cómo le han marcado por igual La Oreja de Vang Gogh y Berri Txarrak. En un año, Chica Sobresalto, su nombre artístico, va a pasar de lanzar un álbum de marcado carácter electrónico y presentarlo con su banda al completo a ir ella con su guitarrista y poco más por pequeños locales repartidos por la península. Sí, Chica Sobresalto funciona por impulsos, pero, al mismo tiempo, también transmite la sensación de ser libre y no plegarse a las exigencias y caprichos de turno de la industria musical.
Los pasos que ha dado desde que la cantante salió de Operación Triunfo en 2020 no se pueden medir tanto por los volantazos que ha dado, como por lo que realmente le mueve por dentro. Su compromiso artístico es con ella misma. Esto vale tanto para su sonada participación en el Benidorm Fest de 2025, donde lanzó la canción Mala feminista, como para la gira acústica Pangea que ha anunciado este verano, sorprendiendo a sus fans tras la publicación a finales del año pasado de un disco de pop contemporáneo como Información sísmica y su continuación, el EP de demos, descartes y versiones Retales 3.
El pistoletazo de salida de este tour íntimo por aforos reducidos será el 5 de noviembre en la sala Gran Café de León que, a falta de más fechas por confirmar, no llegará a Euskal Herria hasta el próximo 11 de febrero de 2027 en el Cotton Club de Bilbao.
Con tantos cambios, es difícil adivinar sus movimientos.
(Ríe). Un poco sí. La cabeza me va a mogollón de revoluciones. Como me encanta todo, me cuesta renunciar a lo que me gusta. Me apetecía hacer un disco más electrónico porque también había empezado a componer con el ordenador. No fuerzo nada. Me gusta que, de una manera natural, unas cosas me lleven a otra y el proceso de composición es lo que me va guiando lo que viene después. Luego hicimos una gira eléctrica muy guay con toda la banda. Me encanta estar de gira. Es lo que más me gusta del mundo.
Y eso que no debe ser una vida fácil.
Es verdad que la cosa está muy complicada hoy en día. Me acordaba cuando me iba yo sola con la guitarra y todo era más sencillo y decidí que eso era lo siguiente que quería hacer. Aunque me conozco, y cuando lleve cuatro conciertos en acústico me va a apetecer hacer algo en eléctrico.
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Entre estar en la carretera y pasarse horas en el estudio, usted es claramente del primer grupo.
En la carretera hay contacto todo el rato con todo el mundo. Además, yo toco con mis amigas y amigos, lo que es fantástico. La vida de gira tiene trampa: no te permite pararte a pensar demasiado porque vives en un mundo paralelo. Luego llega el domingo y te llevas una buena hostia. Pero a mí estar de gira me ha salvado la vida.
¿Con Pangea quiere volver a la intimidad de la voz y la guitarra y ver lo que pasa con el público?
He tenido muchas ganas de mandarlo todo a pastar y quiero volver a mis 17 años, que fue cuando empecé a hacer conciertos yo sola. Me daba la sensación de que si hacía una gira como esta me iba a acordar de por qué me había metido en esto.
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¿Se le había olvidado la razón por la que se metió en la música?
Sí. Pasan tantas cosas alrededor que no tienen que ver con la música, pero que las tienes que hacer igual: la preocupación por cómo van las ventas de entradas, las redes sociales, todo lo relacionado con la imagen… Todo esto te termina atropellando. Me hacía falta hacer algo más pequeño para reconectar y volver un poco a empezar.
Los conciertos acústicos a veces pueden resultar monótonos, un poco insulsos. ¿Cómo va a sortear esto?
Lo bueno del acústico es que de repente una canción me va a apetecer tocarla de una forma y luego de otra y así sucesivamente. Me voy a llevar a Gorka (Cía, su guitarrista) que saca sonidos superbonitos con la guitarra. También iremos con el teclado y algún sinte. Voy a intentar que pasen cosas durante los conciertos. Puedo hablarle al público, contar alguna historieta… Es un ritmo mucho más lento que te permite conectar con la gente desde otro punto distinto al baile. Y quiero hacer un experimento: que alguien del público que no componga intente hacer un trozo pequeño de una canción. Me da mucha rabia que el proceso creativo esté tan mitificado y quiero bajar eso al barro.
Berri Txarrak con sintetizadores
Chica Sobresalto no puede parar quieta. Siempre está maquinando cosas. El EP Retales III, publicado en el mayo pasado y compuesto por demos, descartes y versiones, es una muestra de la curiosidad infinita de la artista navarra. Entre sus seis canciones, destaca la reinterpretación en clave electrónica, entre un fondo de sintetizadores, del tema Maravillas de Berri Txarrak, todo un himno. “Casi no la hago porque le tengo un respeto absoluto a todo lo que hace Gorka Urbizu. Es uno de mis compositores favoritos”, declara Maialen, quien reconoce que Berri Txarrak la ha acompañado a lo largo de su vida “tanto como la Oreja”. “Me apetecía hacerla porque la historia de la canción me parece brutal, siempre que la escucho se me pone la piel de gallina”, asegura. ¿La tocará en su gira en acústico? “Estoy todavía construyendo el setlist, pero me gustaría mucho incluirla”, responde.
En una entrevista antes de su concierto en la Zentral decía: “Con la edad siento que cada vez me da más igual lo que es menos importante”. ¿Es esta una definición posible de madurez?
Sí, puede ser. Estoy supercontenta ahora con mis 32 años. Parece que la edad te va apretando, pero me he dado cuenta de que madurar consiste, precisamente, en no madurar. En los últimos años me han pasado tantas cosas que me he propuesto disfrutar mientras no vengan nuevos nubarrones. He simplificado tanto las cosas y he quitado tanta mala hierba de en medio que estoy en un momento divertidísimo.
“Todavía me recuerdo queriendo ser una estrella del pop / la reina de mi habitación”. ¿Cuánto de cerca o de lejos quedan estos versos de La estrella?
Eso viene de cuando era pequeña y ahora tengo 32, pero en realidad me queda muy cerca; si no estuviera conectada con esa cría, sí que lo hubiera mandado todo a pastar. La ilusión, el juego, la sensación de que esto sea como una especie de tragaperras… ¿Cómo lo voy a dejar si estoy pensando en lo que va a pasar mañana?
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¿Te pueden gustar Bad Gyal y Love of Lesbian con la misma intensidad?
Me parece una absurdez que no puedan coexistir en tus gustos. He tenido la suerte de que mi aita me ponía Madonna, Vivaldi y Rammstein y a mí me parecía que eran parte de lo mismo. Nací creciendo que Vivaldi y Chenoa se echaban un café juntos, no he tenido prejuicios. Aunque es verdad que al crecer en Iruña siempre ha pasado eso de que si te gustaba el pop eras un poco tonta.
¿Y eso?
El pop era una cosa como más comercial y parecía que te tenían que gustar el rock y el punk para estar en la movida. Pero es que yo necesitaba gritar Shakira a viva voz y La Oreja de Van Gogh han sido una religión absoluta para mí. Me flipa el pop y también he crecido haciendo versiones de rock con mis bandas. He cantado en el Orfeón Pamplonés y en misas de Mozart. Hay que ser muy estúpido para pensar que los estilos musicales no puedan ser compatibles, porque te vas a perder mogollón de cosa.