Actualizado hace 6 minutos
782 jóvenes sin referentes familiares adultos fueron atendidos en 2025 por la Diputación Foral de Bizkaia bajo el paraguas del programa Estrategia Joven, que Inclusión Social puso en marcha en 2018 para atender a personas de entre 18 y 23 años derivadas desde el servicio competente en materia de atención a la infancia y la adolescencia del ente foral. De todas ellas, 672 son hombres y 110 mujeres. Este proyecto se implementó el 1 de julio de 2018 –en 2020 se extendió a la Dirección de Empleo del mismo departamento– y está enfocado en ayudar a ese sector poblacional que ha estado bajo la tutela de la Diputación. Consiste en prevenir de la exclusión social y la desprotección; en ofrecer un apoyo social intensivo con especial énfasis en la inclusión relacional durante la transición a la vida adulta; en proporcionar formación cualificada, apoyo en vivienda, asesoría legal y prestaciones económicas para fomentar su autonomía; y en formar en el ámbito laboral a través de prácticas o de una orientación profesional.
Así se ha pronunciado la institución vizcaina tras una interpelación a Juntas Generales del Partido Popular respecto a cuántas personas que duermen en la calle han sido menores no acompañados tutelados por Diputación. Estrategia Joven incluye una fase de valoración y diagnóstico en la que se analizan las circunstancias de cada persona joven derivada y, en función de eso, se realiza una propuesta de orientación. En algunas ocasiones son los propios jóvenes los que, en su derecho de autodeterminación, resuelven no aceptarlo y acaban no solicitando ninguna plaza. Pese a ello, se les da un margen de tres meses de reflexión para que reconsideren su decisión. Todos los jóvenes sin las adecuadas figuras referentes familiares adultas pueden optar a una atención personalizada, adaptada a sus necesidades y deseos, lo que les abre un amplio abanico de posibilidades de cara a su maduración personal y proceso de emancipación, al menos en las vertientes relacionadas con su soporte educativo, emocional y psicológico, sustento y soporte económico, alojativo, área formativo-laboral, extranjería y ciudadanía, ocio y habilidades para la vida. Un proceso que no tiene limitaciones ni otras restricciones relativas a las condiciones de acceso, y cuenta con una duración no inferior a dos años.
O lo que es igual, son jóvenes que tienen que afrontar sus vidas sin mirar para atrás. “Nosotros les damos el calor y cariño que necesitan para que puedan ir tomando sus decisiones. Con firmeza, poniéndoles también normas y límites, porque tienen que ir acostumbrándose a las dos cosas. Como todos los demás, pero ellos están en una situación de especial desprotección”. Así ilustraba el departamento de Teresa Laespada, diputada de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, el contexto que ha llevado a integrar hasta la fecha a más de 4.000 personas pertenecientes a este rango poblacional –3.600 hasta el pasado mes de junio–, y a los que se ha pretendido insuflar de un apoyo social intensivo, orientado a fortalecer su impulso vital, con especial énfasis en su inclusión relacional durante la transición a la vida adulta.
Formación
En paralelo, incluye una acción protectora transicional, que engloba una formación cualificada, apoyo en vivienda, asesoría legal y prestaciones económicas, para fomentar así su autonomía y capacidad de autogestión. Este plan propicia además formación en competencias laborales, prácticas en empresas, orientación profesional, acompañamiento y apoyo económico, de cara a facilitar su acceso y permanencia en el mercado de trabajo. Se trata de una salida para esos jóvenes que resuelven permanecer bajo protección de la Diputación desde su libre elección, lo que jurídicamente es de por sí importante. “Hay un porcentaje no muy grande que decide no continuar con nosotros y vuelan. Algunos lo hacen muy bien porque tienen posibilidades de hacer vida por su cuenta pero otros acaban volviendo porque se dan cuenta de que fuera, en la calle, hace mucho frío”, esbozaban desde el ente foral. El proceso es afanoso ya que, cuando se acercan a los 18 años, se desarrolla con ellos una estrategia de aproximación para contarles a lo que se van a enfrentar. Una vez deciden seguir, lo primero es saber si tienen un recurso alojativo, es decir, si tienen un lugar donde dormir y residir. En caso contrario, se les puede proveer bien de un recurso económico para que puedan pagar un piso entre varios o estar dentro de los servicios residenciales.
Los jóvenes participantes proceden de la exclusión social; desde el sistema de infancia; o son mujeres víctimas de violencia machista. Y cuentan con un doble modelo de atención: por un lado, comunitaria, es decir, centrado en fortalecer sus recursos personales tanto en habilidades sociales como en competencias individuales, con el fin de mejorar su resiliencia y capacidad de encarar los retos de la vida adulta; por otro, de apoyo social cognitivo-emocional, enfocado en aspectos como la autoestima, motivación, responsabilidad, habilidades de autocuidado, autogobierno e interacción, con el objetivo de lograr una participación social activa y una interacción relacional plena. Se busca que aprendan a vivir de manera independiente. “Les encaminamos hacia la autonomía. Que vayan soltando lazos”, subrayan desde la Diputación Foral de Bizkaia.
Jóvenes extranjeros
Al hilo de esta cuestión sobre este sector poblacional, cabe señalar que, en 2025, de los 303 jóvenes extranjeros no acompañados que fueron derivados por el servicio de Infancia en el marco de Estrategia Joven, únicamente 18 renunciaron a la propuesta de intervención por parte del ente foral, aunque se desconoce si continúan en Bizkaia o si, permaneciendo, se encuentran en situación de calle o disponen de alguna solución habitacional. El incremento de estas personas ha ido en paralelo a la mayor llegada de menores extranjeros no acompañados.