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Los cuatro astronautas que forman parte de la misión Artemis II —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen—, la primera expedición tripulada a la Luna en más de 50 años, han marcado un nuevo hito en la historia de la exploración espacial al convertirse en los seres humanos que más lejos han viajado en el espacio.
Varios días después de despegar, la nave Orión se situó a a unos 407.000 kilómetros de la Tierra, superando el récord establecido por el Apolo 13 en 1970, cuando la tripulación se vio obligada a dar la vuelta a la Luna tras un fallo técnico y alcanzó 400.171,5 kilómetros. La nave espacial lo logró la hazaña alrededor de las 16:57 hora GMT, varias horas después de que la cápsula iniciara su aproximación a la Luna. Se trata de uno de los hitos de la la misión Artemis II, cuyo objetivo era contemplar la cara oculta de la Luna y extraer muestras valiosas de nuestro satélite.
La jornada comenzó con la tripulación despertándose con la canción Good Morning, de Mandisa y TobyMac, y recibiendo un mensaje grabado por Jim Lovell, astronauta de las misiones Apolo 8 y Apolo 13, quien falleció en 2025: “¡Hola, Artemis II! Soy Jim Lovell, astronauta del programa Apolo. Cuando Frank Borman, Bill Anders y yo orbitamos la Luna en el Apolo 8, la humanidad tuvo la primera visión cercana de la Luna y una perspectiva de nuestro planeta que inspiró y unió a personas de todo el mundo. Me enorgullece pasarles el testigo, mientras orbitan la Luna y sientan las bases para las misiones a Marte. Es un día histórico y sé lo ocupados que estarán. Pero no olviden disfrutar de la vista”.
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Observación de la cara oculta
El momento más esperado llegará cuando Orión sobrevuele la cara oculta de la Luna, una región que nunca es visible desde la Tierra debido a la rotación sincrónica del satélite. Los astronautas de la misión Artemis II pudieron contemplar regiones que ningún humano había visto desde el Apolo 17. La tripulación dispone de tiempo suficiente para registrar imágenes y observaciones de la superficie lunar, apoyándose en las 32 cámaras instaladas en la nave y en su capacidad de observación directa. Los equipos científicos han insistido en que la percepción humana sigue siendo clave para identificar matices de color y texturas que pueden pasar desapercibidos para los sistemas automatizados.
La cuenca Oriental es uno de los principales objeto de estudio para la tripulación. Se trata de un cráter de impacto de 930 kilómetros de ancho, ubicado en el hemisferio sur de la Luna y que está considerado de gran interés geológico. La NASA explicó que el objetivo es comparar las observaciones actuales con los datos recopilados por sondas y misiones anteriores para profundizar en la comprensión de la evolución de la superficie lunar.
“La observación directa de la superficie lunar por parte de los astronautas, junto con todos los avances científicos logrados en las últimas décadas, podría revelar nuevos descubrimientos y una apreciación más profunda de las características de la superficie lunar”, dijo en un comunicado la agencia espacial.
El astronauta Jeremy Hansen, usa su iPhone como espejo para afeitarse antes del sobrevuelo lunar
Durante el tiempo que la nave Orión sobrevuele la cara oculta de la Luna, se producirá también uno de los momentos más críticos de la misión. El astro bloqueará las señales de radio y la comunicación con el centro de control en Estados Unidos quedó interrumpida durante 40 minutos, dejando a la tripulación completamente aislada. La situación, considerada habitual en este tipo de maniobras, esta ya prevista por la NASA. La propia agencia ha recordado que ya en las misiones Apolo los astronautas experimentaron estos silencios temporales sin contacto con la Tierra.
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Eclipse solar
Uno de los episodios más llamativos de la jornada se producirá cuando la tripulación presencie un eclipse solar de larga duración que solo podrá observarse desde la nave. Durante aproximadamente 53 minutos, el Sol quedará oculto tras la Luna desde la perspectiva de Orión, generando una secuencia de oscuridad progresiva que permitió estudiar la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del astro.
El fenómeno no será visible desde la Tierra y ha sido descrito por los equipos científicos como una oportunidad excepcional para la observación directa desde el espacio profundo.