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La andadura de Álvaro Arbeloa en el banquillo del Real Madrid, que significó su estreno en la élite, comenzó con tragedia. Si el heredero de Xabi Alonso estaba apremiado en el gobierno de una transición que no se debía notar que era tal, ahora no existe ningún margen. La urgencia es absoluta. En su presentación quiso restar importancia a la reciente derrota del equipo en la final de la Supercopa, en lo que supuso el epílogo de la trayectoria del guipuzcoano en el banquillo blanco. El entrenador salmantino relativizó los hechos recientes apelando al futuro, al hecho de que el club aún tenía por delante tres competiciones. Sin embargo, a las primeras de cambio, en su debut como técnico del primer equipo blanco, ya solo son dos.
La primera convocatoria, una decisión cuestionable
La novedad en el banquillo centraba la atención. La primera decisión trascendente de Arbeloa fue la convocatoria para el partido de Copa contra el Albacete, decimoséptimo clasificado de la Segunda División. En lo que puede interpretarse como un exceso de confianza, dejó en Madrid a varios pesos pesados del vestuario, como Mbappé, Bellingham, Rodrygo, Tchouameni, Carreras o Courtois, es decir a la gran estrella del equipo y a cinco jugadores que ejercieron como titulares en la final de la Supercopa. Con estas ausencias y sumando las bajas, once jugadores de la primera plantilla quedaron sin opciones de comparecer, una apuesta arriesgada a tenor de lo que estaba en juego. “El responsable, el culpable, soy yo”, entonó como penitencia tras la eliminación buscando parapetar a los jugadores.
Si bien, consciente de que la convocatoria podría ser un argumento de la derrota, Arbeloa defendió su postura ante los medios: “Estaba convencido de que la lista era la adecuada y sigo convencido. No me arrepiento. Volvería a hacer lo mismo mil veces”. La decisión, a juzgar por lo acontecido, es cuanto menos cuestionable. Al fin y al cabo, los elegidos para estar en el Carlos Belmonte no dieron la talla. Arbeloa apostó por la cantera –“saben que confío en ellos”, subrayó en su presentación– y esta no logró sacar las castañas del fuego.
Álvaro Arbeloa, durante el partido contra el Albacete en el Carlos Belmonte.
Los balones fuera de Arbeloa
Por otro lado, Arbeloa repitió en varias ocasiones durante la comparecencia tras la derrota que el equipo tiene mucho margen de mejora en el apartado físico, lo que supone cuestionar el trabajo realizado previo a su llegada, con el interesante matiz de que recalcó en su presentación el hecho de ser muy amigo de Xabi Alonso. Fue un modo de eximirse de responsabilidad depositándola en su ‘amigo’ y predecesor. La calificación por la eliminación llegó en esta medida: “Si alguien lo califica como fracaso, lo entiendo”. O sea, el técnico salmantino renunció a adoptar la palabra fracaso en su concepción sobre lo ocurrido. La rueda de prensa en Albacete, desde luego, no dejó indiferencia y sí abrió debates.
¿Un problema de entrenador?
Dani Carvajal, acostumbrado a manifestarse sin media tintas, fue contundente ante lo sucedido. “Hemos tocado fondo. Tenemos que dar más y no hemos estado a la altura de este club”, sentenció el capitán. A estas alturas, tras la destitución de Xabi Alonso y el primer test fracasado del nuevo entrenador, los disparos también se dirigen hacia otros objetivos que no son el banquillo: la plantilla y, por extensión, la dirección deportiva, acusada de falta de planificación y, ahora, de dilapidar con anticipo el proyecto de Xabi Alonso, la figura en la que el propio Florentino Pérez depositó su confianza para el devenir del club. En Madrid se establecen paralelismos con el Barcelona, que dio crédito a Hansi Flick con números similares a los de Xabi Alonso, y ahora el alemán lidera un proyecto que ha conquistado cuatro títulos durante una época de sequía blanca.
“He visto jugadores que han querido ganar, se han esforzado y no puedo reprocharles nada de la actitud”, defendió Arbeloa, que entre los deberes encuentra el reto de ganarse la confianza del vestuario. Ejerció de cortafuegos. Aunque el madridismo ya venía señalando a los jugadores durante la estancia de Alonso. “O falta nivel o muchos jugadores están por debajo de su nivel. Realmente falta nivel en muchos futbolistas que se suponía que eran de nivel Real Madrid, y de momento están muy lejos de demostrarlo”, criticó Álvaro Benito en la cadena Ser. La lectura puede ser doble… o triple: falta implicación en el vestuario, la dirección deportiva no acertó en la construcción de la plantilla o ambas. “No es problema de entrenador, es problema de jugadores”, apuntó en ese mismo medio Pedja Mijatovic.
Un sustituto para Arbeloa
Benito fue más allá: “Los jugadores se sienten con la potestad de que realmente no se les puede imponer un estilo o ciertas obligaciones”. Para eso ha llegado Arbeloa, para jerarquizar la autoridad. Si bien, desde la misma cadena Ser ya se apunta que la entidad que preside Florentino Pérez está sondeando el mercado en busca de un nuevo entrenador de cara a la próxima temporada. De ser así, poco crédito ha depositado el club en su nueva figura para el banquillo. Arbeloa comienza a oler a interinidad, lo que no deja de restar poder a su capacidad de actuación ante la fortaleza de un vestuario plagado de estrellas que observa cómo un inexperto trata de redirigir el rumbo.
Queda la mitad de la temporada por delante y, en esta senda por la que transita del equipo, se le puede hacer muy larga al Real Madrid. Arbeloa, desde luego, ya ha comenzado a erosionarse. Camina sobre el alambre. Como señaló durante su presentación, su misión es “ganar, ganar y volver a ganar”. De momento, el proyecto arranca con una derrota de profundo calado, porque costó la oportunidad de un título. La diferencia con el pasado domingo es que la primera llegó frente al líder de LaLiga y que esta segunda se dio ante un equipo de una división inferior con el contexto de una urgencia mucho mayor tras la destitución de Xabi Alonso.
Por de pronto, el cambio no ha llegado al club de Chamartín; al contrario, la crisis se ahonda. “Quiero que Vinicius baile”, expresó en su presentación el nuevo técnico. Bailó el público del Carlos Belmonte. Este sábado el Bernabéu tendrá la oportunidad de expresarse, coincidiendo con la visita del Levante, una prueba de fuego para el Real Madrid de Arbeloa.