Vitoria-Gasteiz conmemora este 3 de marzo de 2026 el medio siglo de la masacre en la que la Policía Armada asesinó a cinco trabajadores en el barrio de Zaramaga. A pesar del tiempo transcurrido y de los actos institucionales, las víctimas denuncian que el Estado español sigue sin depurar responsabilidades judiciales ni reconocer su implicación directa en los hechos. Andoni Txasko, portavoz de la Asociación 3 de Marzo y víctima de la represión policial el día posterior a la matanza, sostiene en ONDA VASCA que, aunque se ha avanzado en el relato social, se pueden dar muchos pasos hacia adelante en lo referente a los archivos oficiales. "Sigue imperando en los archivos oficiales aquella versión de que los obreros éramos los terroristas y la policía fue la víctima que tuvo que disparar para preservar sus vidas", asegura Andoni Txasko.
El portavoz de la Asociación 3 de marzo destaca que en cuestiones de justicia los avances han sido nulos, ante la imposibilidad, pese a la insistencia, de abrir querellas al respecto. Además, en lo referente al reconocimiento y a la reparación, asegura que "tímidamente" se están dando algunos pasos, pero "muy insuficientes" y con una "discriminación terrible" con respecto a otras víctimas que han sufrido vulneraciones. Por todo ello, Txasko cree que es muy difícil que algún día llegue a celebrarse un juicio, visto cómo actúa un Estado español que se ampara en que existe una prescripción de los hechos y una ley de amnistía.
4 de marzo
El 4 de marzo de 1976, Vitoria-Gasteiz despertó conmocionada tras lo sucedido el día anterior. Andoni Txasko, que entonces tenía 20 años, recuerda una ciudad tomada por la policía donde no se permitían grupos de más de dos personas. Txasko relata cómo, mientras caminaba por la calle Obispo Ballester en una zona que en ese momento estaba tranquila, fue rodeado por varios vehículos policiales. A pesar de que intentó protegerse contra una pared para salvaguardar su ojo izquierdo, ojo en el que ya tenía una lesión previa, los agentes intensificaron el ataque.
'Hacer lo que queráis, pero no me sigáis golpeando, que ya tengo fastidiada la vista", les dijo. Frase que, lejos de frenar la agresión, pareció encender más a los agentes, quienes le sujetaron los brazos para golpearle directamente en el rostro. "No me podría tapar y ya todos los golpes vinieron a la cara, a la cabeza. Uno, con tan mala suerte, entró en el ojo sano. Me dejaron en blanco, no veía nada", detalla Txasko.
Las consecuencias de aquel 4 de marzo le marcaron de por vida, ya que, tras sufrir diez operaciones, terminó perdiendo el ojo y quedando con una visión residual de apenas el 2%. Sin embargo, asegura que "duele más todavía" la impunidad de los responsables políticos de la época, mencionando específicamente nombres como los de Manuel Fraga o Rodolfo Martín Villa.