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El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha alertado sobre la guerra en Irán, asegurando que está fuera de control y que ha provocado una completa desestabilización en Oriente Próximo, incluyendo hasta un millón de desplazados en Líbano.
Guerra sin control y consecuencias humanitarias
En una entrevista con la cadena británica BBC, Albares subrayó que Israel y Estados Unidos tienen diferentes objetivos en el conflicto, pero insistió en que es esencial que ambos países se den cuenta de que la situación se ha desbordado.
El ministro destacó el impacto humanitario y económico: aumento de los precios de la energía, riesgo para la vida de millones de personas y amenaza al bienestar de ciudadanos españoles y europeos.
Albares afirmó que no hay solución militar y que la única vía para la desescalada es volver a la mesa de negociaciones, defendiendo que "la seguridad nunca llega solo a través de la fuerza militar".
Derecho Internacional como guía
El ministro recalcó que la inmensa mayoría de países respalda el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas, y criticó la acción unilateral contra Irán como contraria a estos principios.
Según Albares, mantener la coherencia en la política exterior española —en Ucrania, Oriente Próximo o Groenlandia— es clave para defender el respeto al Derecho Internacional y proteger el bienestar de los ciudadanos.
Sobre las relaciones con Estados Unidos, Albares destacó que es aliado histórico y natural de Europa, con una relación comercial sólida, incluyendo la compra de gas natural licuado y la participación española en misiones de la OTAN.
El ministro aseguró que España trabaja para que la relación con EE. UU. siga siendo mutuamente beneficiosa para ambos países y para Europa.
Avance de Europa en defensa y soberanía
Albares defendió que Europa debe dar un paso adelante en soberanía económica, comercial y de seguridad. Propone una mejor integración de las industrias de defensa europeas y la creación de un ejército europeo, no para reemplazar los ejércitos nacionales, sino como fuerza de respuesta rápida que garantice disuasión, defienda el Derecho Internacional y promueva la negociación y la diplomacia.