Vida y estilo

Adaptaciones cinematográficas: ¿creatividad en crisis o negocio perfecto?

Ya sea en el cine o en las plataformas de ‘streaming’, las películas y series inspiradas en libros nunca habían sido tan habituales como está ocurriendo ahora mismo; pero, ¿a qué se debe este auge? El experto editorial Pablo Álvarez nos lo explica
'Off campus' está disponible en Prime Video. / Prime Video

Hubo un tiempo, que parece muy lejano, en el que el mundo del cine buscaba la gran mayoría de su inspiración en los libretos originales que los guionistas guardaban en sus cajones. A día de hoy, y sobre todo con el auge de las plataformas de streaming, esa búsqueda parece haber cambiado de manera radical.

De hecho, la mirada se orienta actualmente hacia las listas de bestsellers, las tendencias virales de BookTok e incluso las historias nacidas en plataformas de escrituras gratuitas con millones de lectores y éxito como Wattpad. Pero, ¿qué ha pasado para que ahora las carteleras de los cines estén a reventar de adaptaciones cinematográficas de libros?

‘It’, de Stephen King. AMC

Un vistazo al pasado

Las adaptaciones literarias a la pantalla han existido desde que el cine es cine. Basta con recordar clásicos inmortales como Lo que el viento se llevó, El Padrino o Tiburón que nacieron de las páginas de un libro. Sin embargo, esto solo parecía ocurrir con verdaderos éxitos internacionales que para algunos eran indiscutibles.

'El renacido' ('The Revenant). Kimberlely French / AMC

No obstante, un par de décadas atrás comenzaron a estrenarse películas que fueron reconocidas por los premios de la Academia, y que habían nacido entre dos tapas: El renacido, La chica danesa..., así como algunas que eran galardonadas en certámenes internacionales como El crimen del padre Amaro o El buen alemán. Incluso llegó un punto en el que algunas películas consiguieron elevarse por encima del papel y labrarse un nombre propio, como es el caso de American Psycho, Érase una vez en América o Memorias de África.

'American psycho'. AMC

En aquel momento, las productoras parecían apostar por las obras de algunos de los autores más reconocidos: Patricia Highsmith; con títulos como Aguas profundas o El talento de Mr. Ripley, Stephen King; con las clásicas adaptaciones de Misery o Stephen King, It, así como John Grisham con thrillers como El informe Pelícano o Legítima defensa.

Pero eso no dejaba atrás a clásicos universales de la literatura que también encontraban su hueco en las pantallas como las miniseries Frankenstein (2004) y Moby Dick (2010), en las que los actores de la talla de William Hurt, Donald Sutherland o Ethan Hawke se sumergían en los papeles protagonistas para trasladar a la pantalla la locura del doctor Frankenstein y del capitán Ahab.

El factor riesgo cero

La literatura considerada juvenil también empezaba en aquella época a surgir por las pantallas. Sagas como las de Divergente, Los juegos del hambre, Crepúsculo, Harry Potter o El corredor del laberinto marcaron un antes y un después en una generación joven que se había enamorado de sus personajes al pasar las páginas y que, posteriormente, comenzaba a crecer y no dudaba en volver a vivir sus historias a través de la pantalla.

La saga de 'Crepúsculo'. Europa Press

Hoy en día, las carteleras presentan más que nunca una fuerte presencia de adaptaciones literarias para todos los públicos, y sobre todo debido a las plataformas de streaming. La razón subyacente de este auge es puramente económica, pero cuenta con un matiz radicalmente moderno.

Y es que, en el pasado, una adaptación literaria era una apuesta basada en el prestigio del autor o en lo mucho que pudiera dar de sí su obra. Hoy en día, la cosa es muy distinta. 

Sobre todo, novelas juveniles

Es raro pensar en una adaptación cinematográfica del pasado que “sea mala”. Por supuesto que las hay, pero en aquel entonces daba la sensación de que la trama y la calidad intrínseca de la obra se cuidaban al mínimo detalle para dar con una producción audiovisual apasionante. Ahora, ese compromiso parece haberse perdido un poco. No porque todas las que se llevan a cabo ahora sean malas, sino porque parece que el hecho de que “sean buenas” es lo que menos importa.

'Maxton Hall' está disponible en Prime Video. Prime Video

En el caso de las novelas juveniles, cuando una plataforma como Netflix, Prime Video o Max decide dar luz verde a una adaptación, no lo hace a ciegas, sobre todo si sus inicios tuvieron lugar en enclaves como Wattpad. Saben cuántas millones de personas la leyeron, qué giros dramáticos han provocado más conversación en redes sociales y qué personajes han ocasionado mayor cantidad de fanarts creados por sus seguidores.

Pero eso es lo único que importa al parecer, da igual que veas alguna de estas películas y no entiendas nada si no te has leído el libro, porque tú no eres el público en el que se ha pensado. Proyectos como A través de mi ventana o El fabricante de lágrimas carecen de absoluta coherencia, ya no solo con la historia original, sino con el filme de por sí.

Como alguien que se ha leído ambas historias, me he visto en la necesidad de explicar los acontecimientos de los libros en las que están inspiradas estas películas a mis compañeros de visionado para que pudieran entender lo más mínimo... Y ese no es el objetivo de hacer una adaptación, o por lo menos no debería serlo.

Sin embargo, proyectos como la saga Culpables de Mercedes Ron o series como Maxton Hall u Off Campus sí que tienen un compromiso detrás, uno que tiene el suficiente peso como para que cualquiera pueda disfrutarlas conociendo -o no- a Nick, Noah, James, Ruby, Alice o Garrett.

La trilogía 'Culpables' está disponible en Prime Video. Prime Video

Por desgracia, no son concebidas como una oportunidad para llevar “a la vida real” lo que sucede en la imaginación y mente de los lectores, sino como una apuesta para estas productoras que garantiza un mínimo éxito comercial antes incluso de rodar el primer plano. Es el santo grial del actual cine, algo así como un riesgo financiero reducido a su mínima expresión.

Fenómeno ‘Hail mary’

Sin embargo, este periodo de fiebre adaptativa no se limita exclusivamente al romance adolescente o a la literatura juvenil. En el otro extremo del espectro de la ambición narrativa, nos encontramos con superproducciones colosales como Project Hai Mary, (Proyecto Salvación), basada en la aclamada obra del autor de ciencia ficción Andy Weir, y que petó la cartelera tras estrenarse el pasado mes de marzo.

De hecho, también lo demuestran algunos de los grandes éxitos en taquilla de los últimos años como The Martian de Ridley Scott, Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres de David Fincher, No es país para viejos de los hermanos Coen o Animales fantásticos y dónde encontrarlos de David Yates que tuvieron también un éxito masivo y transversal en la década pasada.

'The Martian' está disponible en Prime Video. Prime Video

Este hecho parece haber contribuido a que los estudios hayan comprendido que el público adulto también busca en las pantallas historias con una base científica, protagonistas carismáticos y una narrativa ya probada por millones de lectores empedernidos.

Directores de renombre y actores de la talla de Ryan Gosling se suman encantados a estos proyectos, conscientes de que vienen respaldados por una crítica literaria excelente y una base de fans devota que asistirá a las salas de cine con -casi- total seguridad.

Las plataformas de ‘streaming’

Está claro que las plataformas de streaming bajo demanda han alterado para siempre la frecuencia, el presupuesto y el formato de las adaptaciones por razones fundamentales como el hambre insaciable de contenido, la flexibilidad de formato y fidelidad, así como la globalización inmediata y sin fronteras.

Para entenderlo, el experto Pablo Álvarez, quien ha desarrollado una brillante trayectoria en el sector editorial como director literario en los grupos Planeta, Santillana y Penguin Random House, nos lo explica: “Las plataformas tienen que llenar diariamente y mensualmente los catálogos. Hay guionistas maravillosos, pero es muy difícil, porque son muchas plataformas y necesitan muchos contenidos. Yo creo que por eso tiran tanto de las adaptaciones, porque de alguna forma ya están chequeadas por los lectores y saben que funcionan. También abren un abanico de posibilidades económicas a los autores”.

Pablo Álvarez ha desarrollado una brillante trayectoria en el sector editorial. Javier Ocaña

Ante esta avalancha, muchos críticos puristas temen que el cine y las plataformas de emisión se estén convirtiendo en una simple fábrica audiovisual de libros ya existentes.

Sin embargo, esta tendencia también retroalimenta al sector editorial (nuevas ediciones especiales, formatos reeditados y libros que disparan sus ventas automáticamente cuando se estrena su adaptación). Desde la ciencia ficción, pasando por el thriller y hasta el romance juvenil, el ecosistema audiovisual parece tener la certeza de que la mejor manera de asegurar el éxito frente a las cámaras es primero sentarse a leer, y posteriormente escuchar lo que el público ya ha decidido amar y seguir en cualquier formato.

20/06/2026