La presencia de la avispa asiática, conocida como vespa velutina, vuelve a situarse en el centro de la preocupación ambiental en Busturialdea, como refleja el ciclo de charlas que han puesto en marcha la Asociación de Apicultores de Bizkaia y Urremendi Landa Garapena en distintos municipios de la comarca para informar a la ciudadanía sobre la evolución de la especie y las herramientas para frenar su expansión. La segunda sesión se celebró este viernes en Ereño, con participación también de vecinos de Nabarniz.
Las sesiones llegan tras un otoño largo y templado y un invierno con pocas heladas, una combinación que podría favorecer un aumento de la incidencia durante este año. “La climatología tiene mucho que ver”, señala Maider Lejarreta, una de las técnicas de la Asociación de Apicultores de Bizkaia, que recuerda que los inviernos fríos reducen el número de reinas que sobreviven a la hibernación, mientras que las temperaturas suaves aumentan el potencial de nuevas colonias.
La biología de la velutina ayuda a entender por qué la primavera se ha convertido en el momento clave para intentar controlar la especie. A diferencia de las abejas, que pueden permanecer años en una misma colmena, esta avispa reinicia su ciclo cada temporada. Las reinas fecundadas en otoño pasan el invierno escondidas en grietas o huecos naturales y, cuando llega la primavera, comienzan a construir un pequeño nido primario del que saldrán las primeras obreras. Durante esa fase inicial la reina trabaja sola, alimenta a las larvas y sale a cazar, por lo que capturarla en ese momento puede impedir el desarrollo de toda la colonia. Como resume Lejarreta, si la reina cae en ese proceso, “el nido desaparece”.
Nido de avispa asiática localizado y retirado el año pasado en Kortezubi.
La situación cambia cuando el nido se consolida. A partir del verano, aquellas pequeñas estructuras iniciales se transforman en grandes esferas que pueden albergar miles de individuos. En ese punto, explica la técnica, la captura de ejemplares aislados deja de tener efecto real sobre la colonia: “cazar 10, 100 o incluso 1.000 avispas no le va a hacer ni cosquillas al nido”.
Presencia creciente
Las charlas también están sirviendo para corregir algunas ideas extendidas entre la población. Una de las más habituales es pensar que la velutina es un problema ligado al monte o a caseríos alejados de los pueblos. Sin embargo, los datos recopilados en los últimos años muestran otra realidad. “Cuando revisamos los avisos vemos que más del 50% de los nidos aparecen en edificios”, señala Lejarreta, un dato que, reconoce, “sorprende mucho a la gente”.
La expansión de la especie plantea además interrogantes en un entorno tan sensible como la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Cada nido puede consumir en verano y otoño “alrededor de medio kilo de proteínas al día”, una cantidad que procede casi exclusivamente de insectos. Aproximadamente el 70% de su dieta está formada por abejas, aunque también captura polillas, mariposas y otras especies. Las larvas se alimentan de esa proteína, mientras que los adultos obtienen azúcares de la fruta o de las flores. Para alcanzar el néctar, explica la técnica, la velutina rompe la estructura floral con sus mandíbulas, lo que puede impedir que la flor llegue a producir fruto o semilla. Aunque todavía no existen estudios específicos que cuantifiquen con precisión el impacto de este comportamiento en Urdaibai, Lejarreta admite que, teniendo en cuenta el número de nidos y el volumen de insectos que consumen, “algún tipo de desequilibrio habrá; aunque no esté medido con exactitud, la velutina está causando alteraciones en el ecosistema”.
Sesión informativa en Ereño dentro del ciclo de charlas sobre la avispa asiática organizado en Urdaibai.
La evolución de la especie en la comarca puede seguirse a través de los datos recopilados por la Asociación de Apicultores de Bizkaia. En el informe ‘Liztor Beltza, Vespa Velutina Urdaibai 2025’, que recoge la evolución de los últimos años en la comarca, se señala que desde 2018 hasta 2024 se habían eliminado 2.155 nidos en el entorno de Urdaibai. A esa cifra se suman los 432 detectados durante 2025, lo que eleva el total hasta los 2.587 y confirma un repunte en la incidencia de la especie que, según Lejarreta, “esperamos que se intensifique este año”.
Golpe al sector
Si el impacto ecológico genera preocupación, la presión sobre la apicultura resulta aún más evidente. En algunas zonas de la comarca mantener colmenas durante todo el año se ha vuelto muy difícil y los apicultores profesionales se ven obligados a trasladarlas en verano a zonas de mayor altitud, en Álava o Burgos, donde la presencia de velutina es menor. “Hay zonas del Urdaibai donde no se puede ejercer la apicultura”, sostiene Lejarreta, porque las colmenas “no sobreviven por la velutina”. A esa presión se suman otros factores que ya complican el trabajo del sector, como enfermedades de las abejas o la falta de recursos en periodos de sequía o de lluvias prolongadas.
Las sesiones informativas impulsadas junto a Urremendi Landa Garapena pretenden precisamente ofrecer herramientas prácticas a la ciudadanía y explicar cómo actuar ante la presencia de la especie. La participación varía según el municipio y suele aumentar allí donde los vecinos han encontrado nidos cerca de sus viviendas de forma recurrente. En esos casos, la preocupación se traduce en preguntas muy concretas sobre prevención y actuación. El ciclo continuará con nuevas sesiones el 18 de marzo en Gautegiz-Arteaga y el 20 de marzo en Ajangiz, antes de cerrarse el 27 de marzo con un encuentro conjunto para vecinos de Sukarrieta y Mundaka.
Trampa para la captura de velutina que se entrega en las charlas informativas.
Más allá de las charlas y la implicación ciudadana, desde el sector consideran que el control de la especie necesita un salto de escala. Lejarreta lo plantea con claridad: “Lo ideal sería contar con una brigada gestionada por la administración pública que pudiera hacer un trampeo planificado en las zonas donde sabemos que ha habido más nidos”. Una actuación de este tipo permitiría concentrar los esfuerzos en los puntos con mayor incidencia y reforzar un trabajo que hasta ahora se apoya en gran medida en la colaboración ciudadana. Según la técnica, avanzar hacia un sistema coordinado de control sería clave para limitar la expansión de una especie que ya se ha asentado en el territorio.