Practicar el idioma con personas que están aprendiendo castellano y euskera; acompañar al médico o hacer un trámite burocrático en alguna institución pública; compartir el tiempo de ocio con personas migrantes sin recursos que van llegando a nuestros pueblos y ciudades; conocer su realidad e intercambiar experiencias, superando prejuicios, clichés o ideas preconcebidas que no van a ningún lado. Estas son algunas de las tareas, actividades y opciones que ofrece la ONG Pertsonalde de Getxo para alistarse a las filas del voluntariado y, de paso, sacar a la luz habilidades y capacidades que, incluso, pueden ser desconocidas para las personas voluntarias.
Normalmente, quienes se dedican a los demás en sus horas libres llegan a desarrollar una mayor empatía y creatividad. Se vuelven más resolutivas. Y raro es que estas experiencias interculturales salgan mal. Pertsonalde es una organización con más de 25 años de historia que “reacciona ante las injusticias y trabaja con personas en situación de vulnerabilidad” tanto en Getxo y Uribe Kosta como en Perú, Filipinas o África. Desde esta ONG radicada en el barrio de Las Arenas subrayan: “Compartimos valores, mirada crítica y ganas de trabajar por los demás, cada cual en la medida de sus posibilidades, a veces impulsando proyectos y otras incorporando en nuestro día a día acciones que hagan la vida más fácil a quienes más lo necesitan”. Y, asimismo, ponen el acento en tres palabras clave: acogida, cooperación y sensibilización.
Testimonios y palabras bonitas
En la web pertsonalde.org recogen varios testimonios, tanto de voluntarios como de receptores migrantes. Pili asegura: “Me han permitido formar parte de sus vidas, y me han aportado muchísimo. Ser su amiga de referencia me hace muy feliz”. En el otro lado, una mujer siria llamada Wissal solo tiene palabras bonitas para una tal Marisol: “Me ha acompañado al dentista y a la Seguridad Social. Siempre está ahí para nuestra familia”. La ONG de Getxo promueve distintos espacios de encuentro para impulsar plataformas de transformación social y construcción de la comunidad en ámbitos como el de la cooperación internacional (en Lima, Manila o el Chad, entre otros lugares), así como en proyectos locales de acogida e integración social.
Batirtze Escudero (Bilbao, 47 años), socióloga de formación y especializada en el campo de las migraciones, tiene un amplio recorrido en el tercer sector de acción social. Escudero es la actual coordinadora del área de intervención comunitaria de Pertsonalde y responsable de Loturak, un programa del Gobierno Vasco que, junto a varias asociaciones, trata de crear una red ciudadana de acogida a personas refugiadas y migradas formada por familias acogedoras y grupos de voluntariado. Resume su discurso en favor de la integración de la siguiente forma: “Tratamos de construir vínculo, sensibilizar y generar espacios de encuentro”.
El voluntariado supone una pata fundamental de la actividad de esta ONG y entre sus diferentes programas participan asiduamente cerca de un centenar de personas, conformando así una base social nada desdeñable para una entidad de este tamaño. En los proyectos locales que ponen en marcha en Pertsonalde, Escudero afirma que fundamentalmente participan tres actores diferentes: el equipo técnico de la propia ONG, las personas voluntarias y las personas a las que acompañan, mayoritariamente jóvenes magrebíes, aunque no solo, que en algunos casos se encuentran en situación de calle.
Derribar prejuicios y aprender
Hasta 40 personas se pueden llegar a reunir en Topagune, el principal espacio de encuentro entre el voluntariado y las personas o familias que se involucran en los proyectos de Pertsonalde. En su interior tienen lugar un abanico de actividades e iniciativas educativas (desde clases de informática a charlas, talleres, juegos de mesa, clases de apoyo extraescolares…), pero no todo está planificado y calendarizado de antemano. Muchas veces también hay lugar para la improvisación y se producen encuentros informales entre locales y foráneos mientras, por ejemplo, se toman un café. Escudero insiste en que lo más importante es que se puedan tejer relaciones sociales entre personas de distintas realidades que “normalmente no se encontrarían” y, de ese modo, derribar prejuicios.
Excursiones y un comedor propio para crear comunidad
Todos los segundos domingos de cada mes organizan salidas y excursiones de distinto signo: una caminata al monte, ir a ver un partido del Athletic o del Bilbao Basket, visitar un museo... Estas actividades de ocio se realizan en Getxo y sus alrededores y buscan fomentar un hábito cultural “a coste cero o bajo”, además de promover el conocimiento del entorno.
El objetivo principal es que “el propio voluntariado se convierta en agente sensibilizador dentro de su comunidad, mientras que el equipo técnico se encarga de acompañar el proceso, procurando que las relaciones sean lo más horizontales posibles. Las personas que vienen de fuera tienen sus propias capacidades y herramientas, y deben ser las protagonistas a la hora de emprender su propio camino”, explica Escudero. Así, no se trataría simplemente de cubrir una necesidad puntual, como puede ser un hamaiketako o una clase de castellano, sino de que este tipo de encuentros que se dan en Topagune sirvan “como excusa para conseguir crear comunidad entre todos”.