La cámara de fotos del móvil se ha convertido en un elemento imprescindible para nuestro día a día. Desde que Philippe Kahn la incorporara por primera vez a un teléfono en Japón allá por el año 1997, no ha parado de perfeccionarse hasta llegar a ser una nítida extensión de nuestra memoria. Lo fotografiamos todo, desde los momentos más importantes hasta las cosas más insignificantes y, de vez en cuando, revisando las fotos de la galería, afloran en nosotros distintos sentimientos, entre ellos la nostalgia.
Imágenes con alma y aroma
Entre las fotografías que despiertan nuestras emociones puede haber imágenes recientes y otras que no lo son tanto: fotos de familiares que no conociste o de escenas que nunca viviste y que logran trasladarte a otra época. Pero, ¿y si te dijera que a través de la imagen puedes percibir también el aroma de ese momento? Parece ciencia ficción, como casi todo en lo que interviene la inteligencia artificial (IA), pero no lo es.
Un equipo del MIT Media Lab (laboratorio del Instituto de Tecnología de Massachusetts) ha desarrollado un dispositivo experimental que utiliza la IA para transformar imágenes en fragancias. Liderado por el investigador Cyrus Clarke, el proyecto ha sido denominado Anemoia Device y su nombre no es casual.
Anemoia es un término acuñado por el escritor John Koenig en su libro El diccionario de penas oscuras, publicado en 2021. Se refiere a un tipo muy concreto de nostalgia y es la que sentimos por lugares, épocas o experiencias que nunca hemos visitado o vivido en primera persona. Así que este proyecto lo que pretende no es reproducir un olor real, sino crear un aroma que evoque esa escena.
Fotografía colocada en el aparato para la realización del proyecto.
¿Cómo se consigue?
El aparato para hacerlo posible, según describen sus creadores, tiene un aspecto sencillo pero llamativo. Está construido con una estructura de metal y plástico, tiene una pantalla con luz verde neón y tres ruedas giratorias que permiten interactuar con el sistema. En la parte inferior se encuentra un vaso de precipitados para recoger la fragancia final.
Todo comienza introduciendo en el aparato una fotografía del pasado. A partir de ahí entra en juego un sistema de inteligencia artificial que combina el análisis de la imagen con modelos de lenguaje. La IA observa la escena, genera una breve descripción de lo que aparece en la fotografía y se la muestra al usuario en la pantalla del dispositivo, permitiéndole entender cómo ha interpretado visualmente la imagen.
A continuación llega la parte más interactiva y es aquella en la que el usuario puede modificar esa interpretación inicial de la máquina a través de las tres ruedas giratorias. Estas permiten elegir la persona u objeto protagonista de la fragancia, ajustar la edad del sujeto y elegir el tono emocional de la escena.
Pantalla con luz verde neón y tres ruedas giratorias.
Con todos esos parámetros definidos, un modelo de lenguaje basado en una tecnología similar a GPT-4o escribe un pequeño texto que resume la atmósfera de la imagen y que funciona como un puente entre lo visual y lo olfativo.
A partir de él, el sistema selecciona de entre los 50 aromas que posee aquellos que deben combinarse y en qué proporciones. Cada uno de ellos está clasificado según sus notas olfativas y las emociones que suele evocar.
Para materializar el aroma final utiliza un sistema de bombeo que extrae las esencias de los pequeños depósitos en los que se encuentran y las mezcla en el recipiente de vidrio. El resultado es un perfume único que intenta capturar el espíritu de la imagen.
El vaso de precipitados con el aroma final elaborado por la IA.
Mucho más que un aroma
Este proyecto no tiene por ahora un objetivo comercial claro y de momento es un prototipo. Más que crear perfumes personalizados, esta investigación lo que pretende es explorar cómo la tecnología puede ampliar la forma en la que experimentamos los recuerdos. Y es que, en un mundo saturado de imágenes, tal vez el impacto de un recuerdo ya no esté solo en lo que vemos, sino también en lo que somos capaces de percibir a través del olfato.