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¡Para ti, Pierrick!

Houle, emocionado.

Sobrecogido por la emoción, roto por dentro por el logro y por una avalancha de emociones que le abrazaban cada poro de piel, Hugo Houle elevó el dedo al cielo de Foix para encontrarse con el recuerdo de su hermano, fallecido años atrás. A su hermano, Pierrick, le mató un conductor borracho mientras el joven practicaba running el 21 de diciembre de 2012. El coche embistió a Pierrick, que tenía 19 años, y se dio a la fuga. Desde entonces, Houle quiso honrar la memoria de su hermano con una victoria que le recordará para siempre aunque él no le olvida nunca. Nada más hermoso que homenajear su huella con un triunfo en el Tour desde el centro del corazón. Por eso, cuando alcanzó la meta de Foix las lágrimas, incontenibles, embargaron el rostro de Houle, el corazón en un puño, los sentimientos removiéndole los adentros, zarandeándole las emociones. Cuerpo y alma, unidos. Houle venció con sus piernas y con el corazón de Pierrick acompañándole en una odisea estupenda en la primera jornada de los Pirineos. De algún modo, a Hugo le empujó la memoria de su hermano, su recuerdo presente. Los dos viajaban en esa aventura a la eternidad, unidos. Dos en uno. Diez años después de aquel atropello, el canadiense encontró algo de paz y cicatrizó un poco más una herida tan profunda. “Esto significa mucho para mí, y he ganado para mi hermano, esta victoria es para él. Es increíble, no sé qué decir. Estoy muy feliz”, dijo Houle, visiblemente emocionado tras una gesta que le mostró en la grandeza de la desnudez de los sentimiento puros. Misión cumplida.

Houle, en la mejor de sus victorias –únicamente supo lo que es ganar en carreras menores de Canadá–, giró el cuello un par de veces para saber que iba a vencer tras su fuga a través de los Pirineos. Lo inesperado estaba sucediendo. Se alejó de sus compañeros de escapada en el momento exacto y perseveró. A partir de ahí, sufrió lo indecible en el Mur de Péguère. Resistir es vencer. Esa fue la clave para el canadiense. “Cuando ataqué traté de que Woods me favoreciese por detrás. Al ver que me marchaba mantuve el hueco yendo a tope. Al final conseguí tener 30 o 40 segundos, así que pensé que quizás podía conseguirlo. Fue mucho tiempo estando sólo con 30 segundos, pero nunca me rendí”, contó Houle. Además del componente emocional, el más importante, la victoria de Houle supone el reencuentro del ciclismo canadiense con el Tour. Houle, que se inició en el triatlón antes de dedicarse al ciclismo, recuperó de los arcanos la victoria de Steve Baüer, el único canadiense que conquistó una etapa del Tour hace 34 años. Houle es el segundo en la historia en obtener semejante distinción para Canadá. El ciclista tuvo que dejar atrás su país para hacerse un hueco en el pelotón. Con tesón, logró ir construyendo su carrera profesional. En Foix alcanzó, al fin, el sueño que perseguía: obtener una gran victoria y dedicarla para siempre a la memoria de su hermano. ¡Para ti, Pierrick!

21/07/2022