Gorka Ortiz de Urbina aún no se va. Aguantará uno o dos años más para despedirse de la plaza como se merece. El covid ha truncado sus planes de jubilarse como Celedón en 2021, tras 21 años, y a los 50, "un número redondo".
Como Celedón, ahora los vitorianos prefieren una casa con ventana y balcón y, a poder ser, otra segunda vivienda en un pequeño pueblo como el del aldeano de Zalduondo para escapar en caso de confinamiento. Gorka Ortiz de Urbina reconoce que fue un privilegiado por vivir en La Puebla de Arganzón, en un adosado, con jardín, perro al que poder sacar a la calle durante los meses de confinamiento e ir todos los días a la plaza a comprar el pan y tomarse un café.
Sin embargo, a medida que se acercan estas fechas, por segundo año consecutivo sin fiestas de Gasteiz, Celedón empieza a echar de menos el ritual de descolgar la blusa y los pantalones de mil rayas, calzarse las abarcas, enfundarse el pañuelo y abrir el paraguas para deleite de la muchedumbre. "Es como recoger la ropa de trabajo de ese día, que está bien guardadita en el armario", dice.
No obstante, a pesar de la dureza de la pandemia, confía en vestirse de nuevo. "Sí, hombre; estamos mejor que el año pasado, aunque ninguno esperábamos que entonces no se iban a celebrar las fiestas y menos que este año tampoco", indica.