La medicina estética se ha instalado con naturalidad en nuestra sociedad. Cada vez son más las personas que recurren a tratamientos para mejorar su aspecto, prevenir los signos del envejecimiento o sentirse mejor consigo mismas. Pero normalizar estas prácticas no significa que hayan dejado de ser procedimientos médicos.
Según el último Informe de Percepción de la Medicina Estética en España, elaborado por Sigma Dos en colaboración con la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), el 46% de los españoles se ha realizado algún tratamiento de este tipo. El problema aparece cuando la búsqueda de resultados rápidos, precios atractivos o tendencias que circulan por redes sociales hace que se olviden las garantías básicas de seguridad.
Uno de los datos que más preocupa a los especialistas es que el 44% de los pacientes desconoce que estos procedimientos deben ser realizados exclusivamente por un médico colegiado. También existe un importante desconocimiento sobre la necesidad de que los centros dispongan de la autorización sanitaria correspondiente, la U.48.
Esto hace que algunos usuarios terminen recurriendo a peluquerías, centros de estética, gimnasios o incluso domicilios particulares para someterse a procedimientos que implican infiltraciones o el uso de tecnología médica.
La SEME pone especialmente el foco en los pacientes más jóvenes, muy expuestos a las tendencias estéticas de las redes sociales y, en ocasiones, más sensibles al precio. Una elección aparentemente sencilla puede tener consecuencias cuando detrás del tratamiento no existe una valoración médica, un producto seguro o unas instalaciones adecuadas. “La medicina estética es medicina. Busca el bienestar físico y emocional, mejorando la autoestima de 8 de cada 10 usuarios, pero nunca debe banalizarse”, señala el presidente de la SEME, el doctor Juan Antonio López-Pitalúa. “Cualquier infiltración o tecnología médica es un acto médico y como tal debe ser aplicado por un médico estético y en un centro autorizado”, añade. Para el especialista, el intrusismo “ya no es solo competencia desleal, es un problema de salud pública”.
Por eso, antes de dejarse llevar por una oferta, una recomendación en redes sociales o una fotografía de antes y después, conviene comprobar quién va a realizar el tratamiento, dónde y con qué garantías.
Los procedimientos deben ser realizados exclusivamente por un médico colegiado.
Decálogo del Paciente
1. Exigir al profesional la titulación médica. Todo tratamiento es un acto médico y solo puede ser realizado por un médico licenciado y colegiado. Los usuarios pueden comprobar la habilitación general de cualquier profesional a través de la Consulta Pública de Colegiados del y verificar si, además, está especializado y pertenece a la sociedad científica utilizando el Directorio de Médicos de la SEME o localizándolo geográficamente en su Mapa de Garantía Médica SEME.
2. Verificar la clínica autorizada (U.48). El centro debe disponer visiblemente de la autorización sanitaria que lo acredita como clínica de Medicina Estética. Los domicilios, peluquerías o salones de belleza tienen prohibido por ley realizar estas técnicas.
3. Exigir un diagnóstico previo. El médico debe realizar una valoración personalizada de forma obligatoria y abrir una historia clínica antes del tratamiento.
4. Información clara y por escrito. El paciente debe recibir y firmar el Consentimiento Informado, donde se detallan el procedimiento, los beneficios y los posibles riesgos.
5. Garantía y trazabilidad del producto. Todo material inyectable (como el ácido hialurónico o la toxina botulínica) debe abrirse en presencia del usuario. Exija la pegatina con el lote, marca y caducidad para su registro personal.
6. Desconfiar del ‘low-cost’. Los que ofrecen precios excesivamente bajos suelen ocultar productos falsificados, viales adquiridos de forma ilegal en internet o la ausencia de un médico cualificado.
7. Instalaciones con condiciones higiénicas. El centro médico debe cumplir rigurosamente con la normativa de asepsia, gestión de residuos biosanitarios y seguridad sanitaria.
8. Seguimiento post-tratamiento. El médico y la clínica deben ofrecer pautas claras para el cuidado posterior y estar disponibles ante cualquier duda o complicación.