Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils, Oriana, Pedro, Regina, Samuel, Therese, Vítor, Wilma... No, no son nombres sacados de un libro de ideas para que futuros padres escojan el que más les gusta para su hijo, aunque alguno bien podría aprovecharlos.
Se trata, en realidad, de todas las borrascas que han llegado hasta nosotros en lo que va de año y, por orden alfabético, las que seguirán llegando en un bucle que parece ir acelerándose cada vez más. Solo durante el mes de enero nos visitaron las cuatro primeras, y en febrero las siguientes cinco, pero el ciclo no parece tener visos de ir a calmarse. Más bien al contrario, el cambio climático parece estar convirtiendo los eventos climáticos adversos en acontecimientos cada vez más habituales y graves.
Ahora, a los desbordamientos, los vientos huracanados y las lluvias torrenciales se les suma otro factor que no siempre se ve: la basura que, durante demasiado tiempo fue desechada en el mar, nos vuelve como si de un boomerang se tratara y queda varada en nuestras playas.
Y es que, las tormentas siempre nos han devuelto todo aquello que arrojábamos lejos, desde que el tiempo es tiempo, pero en una época de consumismo extremo, donde los plásticos de un solo uso y la ropa procedente de la industria ultrarrápida son tristemente tendencia, ya no es solo madera, o pequeñas cantidades de basura lo que nos llega.
“Nosotras tuvimos una limpieza hace varios domingos y nos esperábamos bastantes cosas, pero hubo de todo”, reconoce la voluntaria de Ola sin Plástico Marta Vicente. “Solo con decirte que sacamos en hora y media más de 200 kilos… Había desde calzado hasta poliespan, trozos de tela, plásticos de todas las formas y tamaños, trozos de madera tratada… Aparte de ramas de árboles, que siempre suele haber y en esta ocasión eran más cuantiosas. La verdad es que sacamos de todo”, explica.
La Organización de las Naciones Unidas, rememoró el pasado cinco de julio, día mundial del medio ambiente, que cada año se producen a nivel mundial más de 400 millones de toneladas de plástico y se cree que la mitad de este material se concibe para una vida útil de un solo uso. Además, menos del 10% de esos plásticos se reciclan.
“ Se estima que once millones de toneladas de desechos plásticos terminan cada año en lagos, ríos y mares ”
“Se estima que 11 millones de toneladas de desechos plásticos terminan cada año en lagos, ríos y mares. Eso equivale al peso de alrededor de 1.089 Torre Eiffeles juntas”, explicaron. Todo eso sin hablar de los microplásticos (partículas plásticas cuyo diámetro es inferior a 5 mm) que invaden los alimentos, el agua e incluso el aire. En ese mismo comunicado señalaron en ese sentido que “se estima que las personas ingieren más de 50.000 partículas de plástico cada año, e incluso muchas más si se tienen en cuenta las partículas inhaladas”.
Ante la preocupación por esta realidad, Vicente recuerda en este 22 de marzo, día mundial del agua, que es momento de seguir aportando ese granito de arena tan necesario. Desde Ola sin Plástico realizan limpiezas periódicas, aunque ella misma es consciente de que, ante el aumento de borrascas y eventos climáticos adversos, tal vez sea necesario aumentar la periodicidad con la que realizan los ayuntamientos.
“ En hora y media de recogida sacamos 200 kilos. Había desde calzado hasta poliespan, plásticos... ”
“Yo en invierno no sé cómo están haciendo las limpiezas. En verano pasan las máquinas todos los días, pero en invierno no sé con qué frecuencia pasan”, reconoce, al tiempo que añade que “hay playas que no son accesibles por tierra, como la de Golfo Norte, Barrika (ambas de Bizkaia) o playas que tienen un acceso que es por escaleras. No las pueden limpiar, a no ser que vayan por un medio marítimo, una lancha o lo que sea”.
Sin embargo, asegura que se debería replantear aumentar un poco las limpiezas, “porque además luego el mar lo trae pero cuando hay pleamar se lo vuelve a llevar. Es un círculo que nunca acaba”. Por su parte, lo siguen haciendo de manera voluntaria, cada vez con más personas que se suman a ayudar. “Muchas veces es verdad que hasta que no lo ves con tus propios ojos no eres consciente de todo lo que puedes encontrar. A mí no me parece mal que los ciudadanos podamos echar una mano también muchas veces por el simple hecho de concienciarnos de lo que está pasando”.
Concienciación
La de la concienciación es una de las claves que menciona Vicente en el camino de tratar de revertir esta situación que se presenta como una amenaza para la salud pública que ya está aquí. Para esta voluntaria, lo más inmediato es repensar el consumo que hacemos de los plásticos, porque “contra el cambio climático podemos actuar, pero más a nivel de sociedad. Ya tendría que ser un cambio, no de manera tan individual, sino sumando muchas fuerzas”.
Los grandes objetos son mucho más llamativos.
En nuestro día a día podemos hacer pequeños gestos, replantearnos un poco el uso de los plásticos, buscar otras alternativas, intentar reducir el consumo reutilizando… “Simplemente replantearnos un poco nuestra manera de consumo”, resume, mientras detalla que la sociedad sí está ahora más concienciada sobre los efectos del consumo de plásticos y el cambio climático.
“La teoría nos la sabemos porque de una manera o de otra nos va llegando, pero veo más complicado dar el paso, porque al final muchas veces estas pequeñas acciones son como incómodas. Entonces, por ejemplo en vez de comprar cosas envasadas, la idea sería llevar nuestro propio tupper, o en vez de usar las bolsas de los supermercados llevar nuestra propia bolsa. A veces son cosas que como tenemos que cambiar igual nos cuesta más”, señala asimismo.
El cambio climático podría estar, además, detrás del aumento de las borrascas. Las precipitaciones caídas a lo largo de este año a raíz de las nueve borrascas han sido, según un estudio de World Weather Attribution, más intensas en algunas partes del Estado español y de Portugal a causa de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂), que se encuentran detrás del cambio climático.
En ese sentido, este estudio explica cómo los días más lluviosos en estas regiones en este momento lo son alrededor de un tercio más que antes de que el planeta se calentara.
Mientras tanto, en Ola sin Plástico siguen impartiendo charlas en escuelas en su labor de concienciación y divulgación, complementadas con salidas para hacer limpiezas de playas. Sobre las nuevas generaciones, reconoce que acaban creciendo un poco ya con el conocimiento de lo que pasa si consumes mucho plástico, pero “creo que tampoco son capaces de adaptarlo a su día a día. Está el tema de la ropa, la ropa rápida que se hace de usar y tirar. Igual el hecho de consumir menos plásticos lo tienen más en cuenta pero no lo tienen en cuenta en todos los ámbitos de la vida”, resume. Y es que, para ella “está muy bien que haya una parte que tengan un poco más de conciencia, pero el plástico está presente en todo, no solo en los envoltorios de los alimentos. Está presente en los dispositivos móviles, en la ropa… Y yo creo que en esta sociedad que es tan tecnológica y de usar y tirar en cuanto a moda, falta mucha concienciación”, añade.
Sin embargo, echando un vistazo al futuro, asegura ser optimista. “Veo que está habiendo pequeños cambios. Hay investigaciones para intentar sustituir el plástico por otro tipo de elementos que sean como más biodegradables o más amigables con el planeta. Cuando voy a las limpiezas veo a la sociedad más concienciada. El problema es pasar a la acción”, añade, aunque confirma su creencia de que poco a poco irá la cosa a mejor.
Marta Vicente.
“Ya hemos tocado techo, no creo que esto vaya a peor. De hecho, se van viendo diferentes cosas, anuncios en los supermercados o en redes… Se va viendo más concienciación y creo que el punto álgido lo hemos pasado. Ahora es como un poco intentar que vaya todo a mejor, pero lo veo como una carrera de fondo”, asegura. Todos tienen en mente el año 2050 como ese punto de inflexión, ese punto de no retorno marcado en rojo en el calendario y antes del cual tenemos que hacer todos los cambios posibles para revertir la situación, y Vicente asegura que “2050, aunque parezca que está lejos, está aquí. No creo que para 2050 de pronto esto sea una maravilla, pero se están haciendo avances y aunque sea poco a poco sí que seguirá habiendo más”, añade finalmente.
Innovación
Entre los nuevos hallazgos está, sin ir más lejos, el de un método matemático diseñado para regenerar playas tras los temporales utilizando menos arena. Concretamente, la Universidad de Cádiz (UCA), en colaboración con la de Florencia (Italia), han desarrollado una investigación que permite regenerar playas empleando hasta un 60% menos de arena, porque este método ajusta los sedimentos grano a grano con el fin de reducir costes y a su vez minimizar los impactos. Ha venido a sustituir el método conocido como ábaco de James que se implementó en 1975.
Asimismo, hay empresas cuya labor consiste en rescatar los plásticos de los océanos mediante sofisticados mecanismos. Es el caso de Captoplastic, liderada por Ismael Olmedo que, en conversaciones con BBVA, explicó cómo habían desarrollado una tecnología que captura los microplásticos presentes en el agua; en resumen, su labor consiste en recoger partículas contaminantes de hasta una micra (0,001 mm.) que, dado su pequeño tamaño, no se pueden captar.
“ Cada año se producen a nivel mundial más de 400 millones de toneladas de plástico ”
Tal y como el CEO de esta empresa detalló entonces, las aguas residuales urbanas e industriales, en las que Captoplastic está centrada, son “un foco de contaminación de microplásticos que terminan en ríos y océanos. La cantidad de microplásticos en el agua puede variar bastante, dependiendo de si el agua viene de zonas industriales o de áreas con mucha población, entre otros factores”.
En el caso del Estado español, generalmente, “antes de que el agua entre en la depuradora, podemos encontrar entre 30 y 100 miligramos de microplásticos por litro, según nuestras estimaciones”, señaló asimismo. Además, la previsión es alarmante. Tal y como recoge el Parlamento Europeo, en 2050, según la estimación de la Fundación Ellen Macarthur, los océanos podrían contener más plásticos que peces.
Para evitar que estos desechos sigan contaminando el mar y ensucien las playas, la comisión de Medio Ambiente aprobó el 10 de octubre las nuevas reglas que hacen frente a los nueve principales productos plásticos de un solo uso hallados en las costas europeas. Estos, junto a los artes de pesca abandonados, representan el 70% de la basura marina.
Ya en 2024 aseguraban que, en lo que a la basura marina se refiere, los tipos son: 49% plásticos de un solo uso, 27% residuos plásticos de equipos de pesca, 18% residuos no plásticos y 6% otros plásticos. Para el Parlamento Europeo, “la forma más efectiva de atajar este problema es evitar que los plásticos se viertan en el océano. Los plásticos de un solo uso, como cubiertos, botellas, pajitas, bastoncillos de algodón o los filtros de los cigarros, son responsables del 50% de la contaminación marina”. Ante esta realidad, Marta Vicente anima a tomar conciencia y reducir el uso de plásticos de un solo uso, así como, en definitiva, repensar el modelo de consumo actual para que los mares no se conviertan en un lugar inhabitable para las especies que allí se encuentran.