De todos los atractivos naturales que se pueden ver en Euskal Herria, los montes tienen un encanto único. Son mucho más que paisajes y simples picos donde hacer senderismo; para muchas personas, son tesoros que también reúnen mitología y tradición. Precisamente esto es lo que muestra la revista ‘National Geographic’ en uno de sus últimos artículos, en el que habla de una montaña mágica “llena de cruces” que combina leyendas y vistas de ensueño.
Un auténtico santuario entre las nubes
En el corazón de Gipuzkoa, tenemos el imponente monte Hernio, entre los ríos Urola y Oria. De 1.078 metros de altitud, es muy reconocible por su silueta de roca caliza, similar al de la proa de una embarcación, y uno de los más queridos por los amantes de la naturaleza.
La cima de este lugar alterna tradición y fe a partes iguales. De hecho, en tiempos pasados, era conocido como “el monte de las mil cruces”, por su gran presencia de ellas. A pesar de que en 2014 un acuerdo entre la Diputación y los vecinos llevó a la retirada de muchas, aún permanecen algunas.
En lo alto del Hernio, destaca una cruz de hormigón de 1947, que comparte espacio con la famosa “cruz sanadora de los aros”. Según la tradición, cada septiembre, miles de personas atraviesan estas figuras por el cuerpo para curar el reuma y su salud general, terminando en una romería que parte desde las campas de Zelatun.
Monte Hernio
Hogar de mitos y leyendas vascas
Para ‘National Geographic’, es imposible hablar del Hernio sin antes repasar su importancia en la mitología vasca. Muchos apuntan a que es la morada de Mari, una divinidad pagana que, desde las alturas, gobernaba el tiempo y la naturaleza, además de castigar la soberbia de los mortales.
Por otro lado, en la vertiente opuesta, concretamente en el municipio de Errezil, se encontraba Gauargi, Este temido genio solía recorrer por las noches los bosques y peñascos bajo una luz errante, que algunos caminantes habían llegado a ver.
Según la leyenda, en 1535, un joven enfermo, aún con dudas antes de fundar la Compañía de Jesús, regresaba a pie desde París a Azpeitia y pasó una noche en la Venta de Iturriotz, junto al Hernio. Un emisario,que lo espiaba por la cerradura, lo vio rezando de rodillas y exclamó que era el mismísimo Ignacio de Loyola.
La ruta clásica hacia la cima
El baserri de Itorriotz sigue siendo a día de hoy el punto de partida más común para emprender la subida al Hernio. La ruta más tradicional tiene nueve kilómetros de ida y vuelta, al igual que casi 500 metros de desnivel, que puede hacerse entre tres y cuatro horas.
Asimismo, el sendero empieza junto a la ermita de San Juan Bautista, adentrándose en el bosque. Más tarde, el entorno cede terreno a los pastos y la piedra caliza domina los alrededores, terminando en las campas de Zelatun, un balcón verde a 840 metros.
Justo desde allí, el camino se convierte en un zigzag sobre la roca, a la vez que sube por la cara trasera del monte hasta la cruz. Desde lo alto de la cima, el senderista puede disfrutar de una increíble panorámica, pudiendo divisar la costa cantábrica a un lado, el Txindoki y los Pirineos al otro, e Iparralde asomando al fondo.
Cima principal de Erlo con Hernio al fondo
Ubicación exacta del monte Hernio
Situado entre los valles de los ríos Urola y Oria, a unos 15 kilómetros de la costa del mar Cantábrico y con unos 1.078 metros de altura, el Ernio se halla en el corazón del territorio de Gipuzkoa, entre las comarcas de Urola-Kosta y Tolosaldea.
Su extensión abarca las localidades de Errezil, Alkiza, Asteasu, Bidania-Goiatz y Larraul. El camino más habitual para su subida arranca desde la venta de Iturriotz, un punto cargado de historia para los incondicionales de la naturaleza.