Polideportivo

La eficacia de Magnus Cort

El danés se impone con solvencia en la segunda jornada de la Volta y acaba con el sueño de Slock, que se queda a un kilómetro de la gloria en una etapa sin agobios para los favoritos
Magnus Cort celebra la victoria en la segunda etapa. / Volta a Catalunya

Entre la Costra Brava, donde triunfó Dorian Godon en un repecho hosco, tenso y bronco en un agónico pulso con Evenepoel, y los Pirineos que acamparán en la Volta en breve para tasar a los mejores, el campo base de la carrera se fijó en Banyoles, en el entreacto, donde Magnus Cort se quedó con el deseo que acarició hasta el kilómetro final Liam Slock, el último hombre en pie de la fuga. La justicia poética no tiene demasiado predicamento en el ciclismo.

La pena de Liam Slock, 162 kilómetros en fuga, primero en compañía y en solitario en los estertores, fue la dicha de Magnus Cort, contundente en un esprint de largo aliento. El danés, que conocía las carreteras de memoria, tantas veces repasada en su estancia en Girona, abrió la puerta de casa.

Conocía el camino al triunfo. “Ha sido como ganar en casa”, certificó Magnus Cort, un ciclista de enorme eficacia y puntería que subrayó el trabajo y la fe de su equipo para situarle en el frente.

Lejos del marketing, el danés, vencedor de seis etapa en la Vuelta, dos en el Tour y una en el Giro entre las 35 que lucen en su palmarés, lo que enmarca su nivel, demostró su jerarquía con una triunfo estupendo.

Sereno, convincente y contundente, festejó el laurel de la segunda jornada de la Volta, que continúa liderando Dorian Godon, cuarto en Banyoles, donde Magnus Cort chapoteó felicidad al lado del lago antes de que asomen las montañas.

Diego Uriarte, Julen Arriolabengoa, Samuel Fernández, Liam Slock y Veistroffer comprendieron que el protagonismo del descanso de otros era una oportunidad para ellos. Los jornaleros no pueden esperar a que todo cuadre como en las cartas astrales. Es todo más cotidiano, costumbrista y menos snob.

Cualquier grieta en la que colarse en el escenario sirve para mostrar a los mecenas que sostienen sus equipos, que les dan nombre. El Kern Pharma, el Caja Rural y el Euskaltel-Euskadi se lanzaron a la aventura. No por capricho. Es la política de empresa. El deber es la única inspiración posible en un ciclismo con el cielo cada vez más estrellado.

Sobre el asfalto, opaco, duro, lejos de las ensoñaciones, donde el esfuerzo es innegociable, no sirven las relaciones públicas ni las hagiografías laborales que se vierten sin disimulo en Linkedin, donde la fantasía, el humo, y lo naif mejoran los currículums.

El trabajo, convertido entre frases de gurú y visionarios con dotes de vendedores de elixires, en pasión y hobby. La homeopatía de la pose de la clase trabajadora. El sueldo medido en abrazos y palmadas. Un Instagram sobre el tajo. En el lado opuesto, el ciclismo todo lo pone al descubierto. Implacable la ley de la carretera, que no hace prisioneros. A todos exige al máximo.

Una fuga por eliminación

La fuga que fue de cinco se fue desgastando por la lija del esfuerzo. El brillo de la estrella de cinco puntas mudó en mate antes de ser sepia, apenas un recuerdo. Cedieron primero Arriolabengoa y Samuel Fernández.

Resistían Diego Uriarte, formidable, Slock y Veistroffer, reciente en la memoria la sensación de libertad porque en la víspera también disfrutó de las vistas estupendas que conceden las marchas en fuga. Slock y Veistroffer, hermanos de armas en el Lotto, descascarillaron a Uriarte, en el dos contra uno. Le laminaron.

Dorian Godon, líder de la Volta. Efe

Sin rivales en el tablero, su obsesión colgaba del retrovisor, donde los equipos que deseaban un esprint se encresparon. El belga y el francés, que tácticamente realizaron un trabajo quirúrgico en la escapada, unieron sus fuerzas para la apuesta definitiva.

Compartieron destino. Desafío total. Conmovedora su esperanza frente a la cacería que ordenó el pelotón, desbocado para entonces, a puro galope. En una arrancada, se agitó el avispero un instante.

A Slock le sobró un kilómetro. Bajo el triángulo rojo cayó su ilusión, su quimera. En los mil metros finales, Ivo Oliveira se destapó con enorme entusiasmo. Desenfundó demasiado rápido el luso, que se quedó a media luz. Entonces emergió la figura vigorosa y consistente de Magnus Cort, un enorme cazarrecompensas que luce bigote rubio.

El danés, duro, resistente, un experto en esfuerzos sostenidos a alta velocidad, resolvió con la solvencia de quienes dominan la situación, sin alterarse. Trató de interceptarle Isidore, pero el danés no cedió ni un palmo en Banyoles. La eficacia de Magnus Cort.

24/03/2026