El golfista vasco Jon Rahm ha lanzado una dura acusación contra el DP World Tour, a pocas horas de que comience el tercer torneo de la temporada del LIV Golf en Hong Kong. El de Barrika ha calificado de extorsión y chantaje las recientes maniobras de las altas esferas del golf para regular la situación de los jugadores que se unieron a la liga financiada por Arabia Saudí.
La polémica llega en un momento crítico, justo cuando el circuito había anunciado un pacto con otros ocho golfistas de LIV, entre ellos Tyrrell Hatton y el español David Puig, para perdonar sanciones a cambio de acatar un nuevo calendario. Sin embargo, el de Barrika se ha desmarcado de este grupo y se niega a firmar lo que considera un contrato abusivo: "No me gusta lo que están haciendo actualmente con el contrato que nos están obligando a firmar. No me gustan las condiciones", ha comentado Rahm.
El origen del desencuentro no es puramente económico, aunque cabe recordar que el exnúmero uno del mundo acumula casi tres millones de dólares en multas por jugar torneos de LIV sin permiso del circuito. El verdadero punto de fricción radica en la exigencia del DP World Tour de obligar a los golfistas a disputar un mínimo de seis torneos para mantener la membresía y, por ende, poder ser elegibles para la próxima Ryder Cup.
Algo que, históricamente, no ha sido así, ya que antes el requisito para mantener la tarjeta era de solo cuatro eventos, una cifra que Rahm siempre ha estado dispuesto a cumplir, priorizando siempre torneos como el Open de España. Lo que ha cabreado al 'León de Barrika' es que, aparte de aumentar el número de torneos, les imponen cuáles tienen que ser: "Me piden jugar un mínimo de seis torneos y además deciden dónde tienen que ser dos de ellos. Eso es con lo que no estoy de acuerdo", sentenciaba.
Hubo intento de negociación
Durante su comparecencia ante la prensa en el Hong Kong Golf Club, el jugador ha explicado con total transparencia el estado de las negociaciones. Relató que propuso a la directiva firmar de inmediato si rebajaban la exigencia a los cuatro torneos tradicionales, pero ante la rotunda negativa del circuito, su postura se volvió inamovible.
Bajo su punto de vista, las autoridades están aprovechando el impacto mediático que generan los jugadores de primer nivel para lucrarse mediante multas y patrocinios, beneficiándose de ambas partes en lo que él define literalmente como un chantaje hacia él y hacia otros golfistas que no tienen la culpa de la política del juego.