Como bien se sabe, la especie humana tiene 23 pares de cromosomas y cada uno de ellos contiene información genética distinta. El número 15, por ejemplo, es el que determina el color de los ojos, uno de los objetos de estudio científicos más recurrentes a lo largo de la historia.
El color de los ojos depende del pigmento que también da color a la piel y al pelo, conocidos por los especialistas como melanina, y de cómo este se distribuye en la parte anterior del iris. Teniendo esta información en cuenta, se determina que cuanta más melanina se acumula, más oscuro es el ojo, y cuanta menos, más claro.
Una de las condiciones que despierta curiosidad es la heterocromía, cuyo nombre procede del griego héteros, distinto, y chrôma, color, distinto color, “la diferencia de color del iris entre los dos ojos de una persona, o incluso dentro de un mismo iris”, tal y como así la describen desde la Clínica Universidad de Navarra.
Congénita y adquirida
Dentro de la heterocromía se distingue entre completa, parcial (cuando una parte de un iris es de un color distinto al resto de ese iris), y central (cuando hay un anillo interno de color distinto al área externa del iris).
Es una anomalía que puede ser congénita o adquirida. La congénita está presente desde el nacimiento o se desarrolla al poco tiempo de nacer, la adquirida, por su parte, aparece en un ojo que antes tenía el mismo color que el otro. Si bien, según sostienen los expertos, en la mayoría de los casos es una simple variación del color de los ojos sin repercusión sobre la visión, lo cierto es que a veces acompaña a otras condiciones y conviene valorarla.
Componente genético
Teniendo en cuenta que la diferencia de color del iris puede ser congénita o adquirida, es interesante tener en cuenta el factor genético. Según sostienen desde la CUN, “muchas heterocromías congénitas aisladas tienen un componente genético y a veces se enmarcan en síndromes hereditarios como el de Waardenburg. Otras surgen de forma esporádica o son adquiridas a lo largo de la vida”.
Aunque la heterocromía es un rasgo poco frecuente en la especie humana, a la que afecta a menos del 1% de la población mundial, lo cierto es que en gatos blancos y en varias razas de perro la diferencia de color del iris aparece con mucha más frecuencia.