Política

‘Guernica’, historial de portazos a Euskadi

Desde que llegó a España en 1981, Moncloa ha rechazado todas las peticiones para su traslado, algunas internacionales
Presentación en 2022 de los actos por el ‘Año Picasso’ en el Museo Reina Sofía, que acoge el ‘Guernica’ / Eduardo Parra / Europa Press

El Guernica de Picasso es seguramente el dique de contención más contundente que existe contra el fascismo, con su atribulada representación de los horrores de la guerra sobre la población civil. Su enorme carga simbólica seguirá quedando, no obstante, limitada geográficamente a la comunidad de Madrid, donde reposa en el Museo Reina Sofía desde 1992, tras llegar al Estado español en 1981, dados los reiterados rechazos a todas las peticiones para exhibirlo en un espacio expositivo diferente, de forma especial desde Euskadi y algunas de ellas de carácter internacional.

El último portazo a que este cuadro, que el artista malagueño pintó entre mayo y junio de 1937 en París, recale en la CAV ha tenido lugar tras la petición que la vicelehendakari y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, trasladó al ministro del mismo ramo, Ernest Urtasun, en la sede de su Ministerio el pasado 24 de marzo. El lehendakari, Imanol Pradales, en el encuentro que mantuvo tres días después en Moncloa con el presidente español, Pedro Sánchez, reiteró la reclamación para que este óleo de grandes dimensiones pueda ser contemplado en el Museo Guggenheim entre el próximo 1 de octubre y el 30 de junio de 2027. Insistió en ello con motivo del Aberri Eguna, con el objetivo de conmemorar el 90 aniversario de la constitución del primer Gobierno vasco, que tuvo que marchar al exilio tras la Guerra Civil, y de idéntica efemérides del bombardeo de Gernika, perpetrado el 26 de abril de 1937.

Sin embargo, el equipo de Urtasun pidió un informe al Departamento de Conservación-Restauración del Museo Reina Sofía, que este organismo llevó a cabo en un tiempo récord, apenas 48 horas, y en el que rechazaba de forma tajante cualquier movimiento del cuadro debido a su estado de deterioro. Tras poner como ejemplo el Museo del Louvre de París, que se identifica con la Gioconda, de Leonardo da Vinci, el documento de cuatro páginas asegura que “el gran icono de nuestro Museo, el Guernica, debe permanecer también, sin excepciones, al margen de la política de préstamos de la institución”. Agrega, subrayando sus argumentos con letras mayúsculas, que “la obra NO PUEDE ENROLLARSE y ha de permanecer todo el tiempo en posición vertical y en unas condiciones de humedad y temperatura estables”. Concluye que, “por su formato, naturaleza de los elementos que la componen y estado de conservación, junto con los numerosos daños sufridos a lo largo del tiempo”, es un lienzo “especialmente sensible a todo tipo de vibraciones que son inevitables en los transportes”.

Ernest Urtasun ha esgrimido este informe para respaldar un rechazo al traslado en el que se mantiene inflexible, y sobre el que ha asegurado que “soy favorable a este tipo de cosas pero no lo puedo hacer, no sería responsable por mi parte poner en riesgo este patrimonio”. La discusión se mantiene en los términos de si se trata de una cuestión técnica o de voluntad política, y las instituciones vascas no se resignan e insisten en su petición.

Moncloa lleva 30 años siendo un frontón al respecto, y el apresurado y escueto legajo emitido por el Reina Sofía enumera las seis ocasiones en las que el Patronato de esta institución ha dado un no por respuesta a estas solicitudes desde que el Guernica viajó de Nueva York a España en 1981, cuando fue depositado en el Casón del Buen Retiro, y su posterior residencia permanente en el museo madrileño.

La primera solicitud que cita fue en 1997 por parte del entonces presidente del Comité Ejecutivo del Museo Guggenheim, Josu Bergara, con motivo de la inauguración del mismo el 18 de octubre de ese año. Dicha petición fue apoyada por un informe del propio Museo que describía las condiciones técnicas para hacer posible este traslado, pero no fue suficiente para obtener el permiso del Patronato del Reina Sofía.

El siguiente en intentarlo fue el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York en el año 2000, que fue precisamente custodio del Guernica durante la dictadura en España, y el informe del Reina trasluce cierto azoramiento al reconocer que aún tratándose de “un caso tan excepcional” y de un “peticionario como el Museo que tan generosamente había acogido y custodiado el gran mural en un difícil periodo de la historia de España, ni siquiera esta vez Guernica viajó a Nueva York”.

Le tomó el relevo en 2006 Canadá, en concreto el Royal Ontario Museum para que esta obra formara parte de The Greetings Exhibition. El Ejecutivo vasco pidió de nuevo el préstamo en 2007 con motivo de la exposición Guernica del Guggenheim. La ministra de Cultura, Carmen Calvo, lo descartó alegando motivos técnicos después de que los responsables del Museo reclamaran que un comité técnico internacional avalara los criterios ministeriales.

Según explica el informe del Reina Sofía, en el siguiente Patronato se aprobó, esta vez sí, el préstamo de 24 dibujos preparatorios y un postcripto del cuadro para la muestra temporal Picasso, Gernika. 70 aniversario, organizada por el consistorio de Gernika-Lumo y que se exhibieron en el Museo de la Paz.

Dos años después, en 2009 la solicitud de préstamo llegó por parte del Grupo Fuji de Tokyo (Japón), con el fin de nutrir la muestra 50 aniversario Fuji TV, pero de nuevo con un resultado infructuoso. Igual respuesta se dio en 2012 al requerimiento de Gwangju Museum of Art, de Corea del Sur, en este caso por la exposición Pablo Picasso: The Sea of Human Right and Peace.

El último exiliado

Más allá, los portazos políticos han sido también múltiples. Así, en 1988, antes incluso de recalar en el Reina Sofía, el Congreso rechazó una petición del PNV al considerarla “inconveniente”. En 1992, el mismo año del traslado al Museo, el alcalde de Gernika, Eduardo Vallejo, reclamó al Parlamento, sin éxito, que el lienzo recalara en la villa. En noviembre de 2004, el senador del PNV Francisco Javier Maqueda preguntó en la Cámara Alta: “¿Qué intención tiene el Gobierno en relación con la solicitud de traslado del cuadro Guernica de Picasso a Bilbao?”.

El Parlamento Vasco consensuó en 2006, con los votos del PNV, PSE y PP, pedir temporalmente el Guernica y avanzar en los trámites para una cesión definitiva a una pinacoteca vasca. También en la Cámara vasca, pero en 2017, PNV y EH Bildu aprobaron una resolución que reclamaba el traslado definitivo o temporal de la obra que rememora el trágico bombardeo. El debate se produjo un día después de que las sirenas y las campanas volvieran a sonar en Gernika-Lumo, en recuerdo del 80 aniversario del bombardeo de la legión Cóndor y la aviación alemana.

Todos ellos, intentos infructuosos. De hecho, las dos únicas ocasiones en que el Guernica se ha desplazado en territorio español fueron con motivo de su propia llegada desde EE.UU., el 10 de septiembre de 1981 –cuando se le denominó “el último exiliado”–, y con su mudanza al Reina Sofía, el 26 de julio de 1992. El propio Picasso expresó su deseo de que el cuadro regresara solo cuando se instaurara la democracia.

Conservación. Deformaciones, grietas y pérdidas

Informe de 1997. El informe realizado por el Museo Reina Sofía cita un estudio sobre la conservación del Guernica realizado en 1997, que describe que “presenta una serie de deformaciones lineales producidas por los sucesivos enrollamientos y las aplicaciones de cera con espátula que se dieron por el reverso. La superficie pictórica esta craquelada en su totalidad, también presenta grietas verticales, levantamientos y pérdidas, existiendo en zonas puntuales peligro de desprendimientos. Los bordes de la obra presentan numerosas pérdidas. Los empastes aparecen hundidos como consecuencia de las sucesivas aplicaciones de calor y presión, con la consiguiente aparición de grietas circulares. Presenta desgarros del soporte que se mantienen unidos solo por la cera y los refuerzos de papel y adhesivo. Las microfisuras, difícilmente apreciables, afectan a todas las capas de pintura”. Añade que “la cera resina se ha introducido en los diferentes elementos que componen la obra, endureciendo los componentes, haciéndose muy sensibles a todo tipo de vibraciones”.

Un cuadro trotamundos hasta recalar en 1958 en el MoMA y en 1981 en Madrid

Los desplazamientos de la obra fueron continuos por Europa y América tras el fin de la Exposición Internacional de París en 1937

Hasta que se asentó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) en 1958, y se trasladó después a España en 1981, el Guernica se movió por todo el mundo de forma incansable . Antes de asumir este carácter itinerante, su origen se sitúa en el encargo que el Gobierno de la Segunda República realizó a Picasso en enero de 1937, en plena Guerra Civil, para instalar una gran pintura mural en su Pabellón de la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de la Vida Moderna de París. El bombardeo en Gernika inspiró la temática al artista y lo tuvo listo para la inauguración de la feria el 25 de mayo de ese año. El pabellón de la República fue abierto al público más tarde, el 12 de julio.

En 1938 comenzó un periodo de dos décadas en que esta obra no dejó de viajar. El iniciador de esta tendencia fue el marchante Paul Rosenberg, que organizó una exposición itinerante con obras de Picasso y otros artistas como Matisse y Braque, que tenía como principal atracción el Guernica. Así, entre enero y abril se pudo contemplar en Oslo, Copenhague, Estocolmo y Gotemburgo. A finales de septiembre se trasladó al Reino Unido y entre finales de 1938 y enero de 1939 fue expuesta en Londres, Leeds, Liverpool y Manchester.

Fue entonces cuando Picasso decidió que, mientras continuara la dictadura en España, el emplazamiento fijo de su obra más emblemática fuera el MoMA pero no por eso dejó de sumar kilómetros a sus espaldas. Chicago, Ohio y Cambridge (Massachusetts) fueron algunos de sus destinos en los años siguientes. Su recorrido no se limitó a EE.UU., y en 1953 formó parte de una gran exposición dedicada a Picasso en el Palacio Real de Milán, en diciembre del mismo año se llevó a la Bienal de São Paulo en Brasil, y en 1955 participó en una retrospectiva de su autor por diversos museos de Alemania, Bélgica, Dinamarca y Países Bajos. En 1957 y 1958 formó parte de la exposición por el 75 Aniversario de Picasso en el MoMA, que viajó después a Chicago y Filadelfia, y fue en ese último año cuando estableció sus cimientos durante algo más de dos décadas en Nueva York.

Según un estudio del Museo Reina Sofía realizado en 1997, la obra ha protagonizado “más de 30 itinerancias, lo que conlleva otros tantos enrollamientos”. Su asentamiento en Nueva York no evitó que quedara a salvo de desperfectos, y es que en 1974 el lienzo sufrió un ataque cuando se escribió en su superficie, con pintura acrílica y en letras de unos 75 centímetros, la frase inconclusa kill lies all. Se retiró con xileno, se retocó la capa pictórica erosionada y después se volvió a aplicar una capa de resina acrílica.

En la discusión respecto a la conveniencia o no de mover la obra, el lehendakari, Imanol Pradales, argumentó la semana pasada que “durante años se dijo que mover el Tapiz de Bayeux era imposible y, sin embargo, viajará” para ser expuesto en el Museo Británico. “Protegido y con todas las garantías, gracias a un gesto de naturaleza política, diplomática y simbólica”, señaló. Ibone Bengoetxea apostilló que este “inmenso bordado” del siglo XI saldrá de Francia porque “a veces lo que se presenta como imposible no es una cuestión técnica, sino una decisión política”.

19/04/2026