El escenario en Tubos Reunidos ha dado un vuelco absoluto en las últimas horas, transformando lo que parecía un camino seguro hacia el entendimiento en un laberinto de difícil salida. Cuando todas las señales apuntaban a que el comité de empresa daría luz verde a la última propuesta de la dirección para el Expediente de Regulación de Empleo (ERE), un movimiento inesperado ha dinamitado las expectativas. Los dos representantes de UGT en la planta de Amurrio han anunciado que votarán en contra de la oferta, una decisión que, salvo un giro de guion de última hora en la reunión prevista para este viernes en Bilbao, impedirá alcanzar un acuerdo mayoritario.
Este posicionamiento resulta especialmente relevante. Al sumarse el rechazo de UGT Amurrio al de otras centrales como ELA, LAB y ESK, se consolida una mayoría de siete de los trece representantes en la comisión negociadora que optan por el "no". Todo ello ocurre a pesar de la fractura interna vivida en el seno de ELA, donde sus delegados en la factoría vizcaína de Trapagaran decidieron desmarcarse de la línea oficial de su sindicato para respaldar la voluntad mayoritaria de su plantilla.
El "no" de Amurrio frente al "sí" de Bizkaia
La situación refleja una profunda división no solo entre sindicatos, sino entre las propias plantas del grupo. Mientras que en Trapagaran el respaldo al acuerdo ha sido abrumador -con un 95,07% de los votos a favor en un referéndum donde participaron el 81% de los trabajadores-, en Amurrio la percepción es radicalmente distinta. Los delegados de UGT en la planta alavesa justifican su rechazo argumentando que no se ha demostrado de forma suficiente la necesidad de una medida de tal calibre, calificando las propuestas de la empresa como "excesivas y desproporcionadas".
Para la sección sindical de UGT en Amurrio, aceptar las condiciones actuales supondría un perjuicio grave para el futuro industrial de la zona. Su negativa se centra especialmente en el rechazo al cierre de la acería y a la externalización del área logística, manteniendo una postura firme en defensa de la actividad fabril íntegra. Este bloqueo contrasta con la realidad de Trapagaran, donde los trabajadores aceptaron la oferta con la condición de que no hubiera despidos traumáticos, confiando en que sus 27 salidas previstas se cubrieran con medidas voluntarias.
Una fractura sindical sin precedentes
El conflicto ha dejado al descubierto las costuras del modelo sindical tradicional. El caso de ELA es el más paradigmático: la dirección del sindicato, encabezada en esta negociación por Pello Igeregi, ha sido tajante al afirmar que su labor no es "gestionar los despidos de la empresa". Desde la central nacionalista se considera inaceptable que la plantilla de un centro decida sobre el futuro laboral de otro, denunciando que la dirección de Tubos Reunidos ha intentado enfrentar a ambos colectivos de forma artificial.
Sin embargo, los delegados de ELA en Trapagaran han optado por el pragmatismo demandado por sus bases, un gesto que el propio sindicato admite que "tendrá consecuencias internas". Según Igeregi, es "humano" que los trabajadores que no ven peligrar su puesto opten por el acuerdo ante la amenaza de cierre, pero sostiene que desde una perspectiva sindical es "inaceptable" facilitar el despido de otros compañeros.
Los detalles de una oferta que se queda corta
La dirección de la compañía puso sobre la mesa una propuesta que incluía prejubilaciones a partir de los 57 años con un plan de rentas al 70% del salario bruto hasta los 63 años, además del abono del convenio especial con la Seguridad Social hasta los 65. Asimismo, para aquellos que optaran por bajas voluntarias antes de finalizar el periodo de consultas, se ofrecían indemnizaciones de 45 días por año trabajado con un tope de 24 mensualidades, sumando un pago adicional de 1.500 euros por año de servicio.
A pesar de que la empresa se comprometió formalmente a no realizar nuevos despidos colectivos hasta finales de 2028, la oferta no ha sido suficiente para convencer a la mayoría de la representación social en Amurrio, donde se concentran 274 de los 301 despidos planteados en el ERE.
Viernes negro en el Palacio Euskalduna
Con las posiciones más enconadas que nunca, la reunión de este viernes en el Palacio Euskalduna se presenta como el capítulo final de un periodo de consultas agónico. La falta de consenso aboca a la empresa a decidir si retira el expediente o si lo ejecuta de forma unilateral, lo que previsiblemente trasladaría el conflicto a los tribunales.
Este viernes será clave para determinar si hay margen para un movimiento de última hora o si Tubos Reunidos cierra esta etapa con una fractura total entre dirección y sindicatos, y con una brecha abierta entre las propias plantillas de Amurrio y Trapagaran.