En los Emiratos Árabes Unidos, que flotan sobre un océano de petróleo, el oro negro que ha disparado la cotización de un país que antes de su descubrimiento y explotación era un mar de dunas y de olas de arena, las montañas se construyen con dinero.
Porque en la planicie las montañas que elevan el relieve descansa sobre toneladas de petrodólares. Ese es el motivo principal por el que el ciclismo, de la mano de ASO, que pastorea el Tour y las principales fechas del calendario mundial, se aventura a adentrarse en una región del planeta sin ninguna implicación con el ciclismo.
No existe tradición por puro sentido común. ¿Quién quiere pedalear en un medio tan hostil y aislado, en el desierto? Un nosotros, nosotros que es el ciclismo persiguiendo su Vellocino de Oro.
Constituido el UAE Tour como una de las citas del WorldTour ante el entusiasmo de la Unión Ciclista Internacional, el dinero responde afirmativamente a las ocurrencias y caprichos de los jeques y los mandatarios, que emplean el escaparate deportivo para blanquear la imagen de un país con evidentes fallas respecto a implantación de los derechos humanos.
Perfil de la novedosa montaña del UAE Tour: Jebel Mobrah
Configurado el calendario, con el Tour Down Under que arranca este martes en Australia y en el que debutará Haimar Etxeberria, la cita de los Emiratos Árabes se disputará entre el 16 y 22 de febrero. Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel e Isaac del Toro pugnarán por la victoria.
Para la prueba, los organizadores se han inventado una montaña. Una carretera a ninguna parte salvo a la cumbre, que no se baja por donde se sube. No hay escapatoria posible. El dinero ha abierto la montaña al tráfico de bicicletas, a la carrera. La montaña mágica.
Solo naciones en las que el dinero es casi un engorro tienen la capacidad de crear una carretera hacia el cielo que no sirva para nada, salvo para el espectáculo, a modo de pasarela de estrellas y escaparate. No tiene ninguna otra función.
Jebel Mobrah será el destino de la inversión árabe, una subida de 15 kilómetros con una parte inicial al 7% y 6 kilómetros donde la pendiente no baja del 12% y con rampas que alcanzan el 17%.
La ascensión marcará la prueba, en la que también sobresaldrá la clásica ascensión a Jebel Hafeet, 10 kilómetros al 7-8%, que decidirá al campeón de una carrera que inventa cumbres repletas de montañas de dinero.