Vida y estilo

Elena Furiase: “Nunca he pedido ayuda a nadie para estar donde estoy”

Hija, sobrina, prima y nieta de artistas, Elena Furiase reconoce en esta entrevista que crecer rodeada de talento puede ser un arma de doble filo, donde la exposición pública y las expectativas van de la mano del cariño y la admiración hacia sus referente
Elena Furiase cuando se presentó el documental de su prima Alba Flores / Europa Press

El séptimo arte suma una nueva voz con proyección: la del realizador manchego Pedro Cenjor. La boda (2025), su ópera prima, escrita junto a Corinna Salerno, levanta su historia sobre el encuentro de dos personajes que, en apariencia, están condenados a no entenderse. Sin embargo, acaban transformándose el uno al otro. Felisa y Sebastián encarnan dos maneras opuestas de estar en el mundo: ella, atravesada por el desorden emocional; él, aferrado al control. Cuando sus caminos se cruzan, descubren que la vida no siempre se puede planificar, pero sí recomponer. Elena Furiase y Daniel Chamorro dan vida a esta pareja en una historia que gira en torno al choque, la fragilidad y la posibilidad de empezar de nuevo.

¿Qué le atrajo del personaje de Felisa? 

Sobre todo que no es un personaje cliché. Es una mujer normal, con sus problemas, sus sueños, sus vicios y también sus miedos. Lo que más me gustó fue precisamente eso: que es un personaje femenino real. No está ahí para justificar al protagonista masculino, ni es la típica mujer desesperada buscando a su príncipe azul, ni la superguapa de la historia. Me interesó porque es una mujer corriente, con debilidades y fallos, pero también con muchas virtudes. Y esa verdad fue, sin duda, lo que más me convenció. 

¿Le resultó fácil empatizar con ella? 

Sí. Tengo una especie de ley no escrita: no juzgo a mis personajes. Muchas veces hacen cosas con las que quizá no estás de acuerdo o que no tienen nada que ver contigo, pero cada uno vive sus propias circunstancias. No se trata tanto de entenderlos como de defenderlos y hacerlos reales. Ese es el trabajo. En el caso de Felisa, además, no sentí en ningún momento que fuera difícil ponerme en su piel o asumir lo que le tocaba vivir. 

Guillermo Furiase, Lolita Flores, Alba Flores, Ana Villa y Elena Furiase durante la premiere de la película documental 'Flores para Antonio' EP

¿Ha sentido presión al ser la protagonista de la película?

Al principio, sí. Cuando recibes el guion y ves que estás prácticamente en todas las escenas, sientes una responsabilidad evidente. Al final llevas gran parte del peso de la historia y tienes que sostener la película, mantener al espectador contigo todo el tiempo. De alguna forma tienes que atraerlo a tu terreno, conseguir que quiera seguir mirando porque le generas interés y expectativa. Esa sensación de responsabilidad siempre está, pero en un papel grande todavía más. Ahora bien, también es cierto que me sentí muy arropada. Tenía a mi coprotagonista, Daniel Chamorro, y eso hace que la carga se reparta y todo sea más llevadero.

¿Le dio libertad Pedro Cenjor o era muy preciso en lo que quería?

Nos dio bastante libertad. Él siempre decía que el guion era una guía. Es verdad que había frases y palabras concretas que prefería mantener, sobre todo porque la película no tiene mucho texto. Hay muchos silencios, muchas miradas. Es un cine muy costumbrista, muy apoyado en lo que no se dice, así que diálogo como tal hay poco. Por eso, en algunas escenas le gustaba que nos ciñéramos a la frase lo máximo posible. Pero al mismo tiempo nos dejaba experimentar mucho. De hecho, cuando terminábamos el texto no cortaba enseguida, nos dejaba seguir un poco, a ver qué surgía. En ese sentido, ha sido muy cómodo trabajar con él. 

En la película, nada más casarse, se van a vivir con la madre de Sebastián. ¿Esto lo haría usted en la vida real? 

De hecho, lo he vivido. Mi suegra tuvo cáncer y nos fuimos a vivir con ella durante el tratamiento. Tenía una casa grande y decidimos acompañarla en ese proceso, que duró alrededor de un año. Nosotros estuvimos unos seis meses. Fue una experiencia muy bonita. Es verdad que antes de que terminara el año sentimos que necesitábamos recuperar nuestro espacio, y como ella ya estaba bien y todo iba en buena dirección, dimos ese paso. Pero a mí me encanta la idea de la tribu. Siempre digo que me encantaría que mis padres, mis suegros y nosotros viviéramos cerca, cada uno en su casa, pero compartiendo espacios. Para mí sería un sueño. Creo mucho en la crianza colectiva. Me parece más rica, más cálida. Mis hijos han crecido muy rodeados de familia, les encanta estar con los suyos y para mí eso es fundamental. 

Viene de una familia de artistas con mayúsculas. ¿Pesa o lo vive con total naturalidad?

En mi día a día lo vivo con bastante naturalidad. Ahora soy más adulta y ya no tengo tantos miedos ni tantos prejuicios conmigo misma. Es verdad que a veces puede ser un arma de doble filo. Te juzgan más, te prejuzgan, esperan de ti cosas que quizá no das… O a veces sorprendes. También recibes el cariño de la gente que quiere a tu familia, y eso se siente. Pero no tienes esa libertad de pasar desapercibida como alguien anónimo. Por eso intento protegerme un poco y no escuchar todos los mensajes. Al final tienes que ser coherente con quién eres, con lo que haces y con cómo has llevado tu carrera. En mi caso estoy orgullosa de mi camino y puedo decir que nunca he pedido ayuda a nadie para estar donde estoy.

¿Qué ha aprendido de su madre en lo profesional y en la vida?

Como madre, diría que es una jabata, una luchadora. Ha sabido bandear todo tipo de situaciones y salir adelante en momentos muy distintos. Y como mujer y como actriz, también. Para mí es un referente absoluto: de lucha, de compromiso, de resiliencia y de muchas cosas más. 

Y su tía Rosario, ¿le da consejos?

No es muy de ello. No se mete, a menos que vea algo realmente preocupante; entonces sí, va hasta el fondo. Pero, por lo general, nos deja hacer. Siempre nos dice que sigamos lo que nos dicte el corazón y que intentemos ser felices. No es de esas personas que se ponen a decirte lo que tienes que hacer en cada paso. 

¿Qué impacto ha tenido el documental Flores para Antonio de su prima Alba en su familia? 

Ha sido muy impactante, valga la redundancia. Para mi madre, para mi tía Rosario y para mi tía Ana es todavía más doloroso, porque no solo recuerdan a Antonio, sino toda una vida alrededor: a sus hijos de pequeños, a sus padres, a ellos mismos de jóvenes, a todas esas vivencias compartidas y a lo felices que eran. Siempre dicen: “qué felices éramos y qué poco lo valorábamos”. Y en realidad no es que no lo valoraran, es que cuando eres joven y todo va bien, la felicidad se vive como algo normal. No la mides hasta que deja de estar. Para ellas es doloroso, claro, pero también muy bonito. Y, sobre todo, es un homenaje que mi tío se merecía, y encima de su hija. 

04/04/2026