El nitazeno no es nuevo, pero su resurgimiento es alarmante. Desarrollado originalmente en los años 50 como analgésico, nunca llegó a la práctica clínica debido a su extrema toxicidad. Hoy, esta familia de opioides sintéticos está presente en las calles, ofreciendo una potencia que puede superar en 10 o hasta 40 veces la del fentanilo, convirtiéndose en el nuevo "asesino invisible".
Un joven navarro, primer fallecido en el Estado
La muerte de un joven de 21 años en Navarra ha sido identificada como el primer fallecimiento documentado en el Estado relacionado con el consumo de nitazeno. El caso ocurrió el 2 de agosto de 2024, aunque se ha conocido después de que El País accediera a la documentación clínica del episodio, recogida en el trabajo Nitazenos: una amenaza cada vez más próxima, elaborado por miembros del Grupo de Toxicología Clínica del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Navarra.
Según la documentación clínica, el joven ingresó de madrugada el 28 de julio de 2024 en el servicio de urgencias prácticamente inconsciente tras haber consumido una cantidad indeterminada de isotonitazeno, uno de los nitazenos más potentes identificados actualmente. Los equipos de emergencia tuvieron que administrarle tres dosis de Naloxona, el antídoto habitual frente a sobredosis por opioides. Ya en el hospital, fue necesario seguir administrando más dosis ante una depresión respiratoria severa y persistente.
Pese a la gravedad inicial, el joven fue dado de alta horas después. Cinco días más tarde, el 2 de agosto, fue localizado sin vida en su domicilio tras haber consumido sustancias por vía nasal.
Efectos y riesgos extremos
Como opioide, el nitazeno produce una euforia intensa inicial, seguida de una sedación profunda. Sin embargo, su peligrosidad radica en su capacidad para provocar una depresión respiratoria fulminante. A diferencia de otras drogas, la dosis letal es tan mínima que el consumidor rara vez tiene margen de reacción.
Su peligrosidad radica en una potencia sin precedentes: algunos compuestos son 1.000 veces más fuertes que la morfina. Según expertos médicos, la distancia entre una dosis recreativa y una letal es mínima, lo que dispara el riesgo de sufrir una depresión respiratoria severa o un paro cardíaco. Además, las sobredosis son más difíciles de revertir, requiriendo dosis mucho mayores de naloxona que las habituales.
Nitazeno versus Fentanilo
Si el fentanilo ya era considerado una crisis de salud pública, el nitazeno eleva la apuesta. Mientras que el fentanilo es aproximadamente 50 veces más fuerte que la heroína, variantes del nitazeno como el isotonitazeno son masivamente más potentes. Además, presentan una resistencia mayor a la naloxona, el antídoto estándar para sobredosis, requiriendo múltiples dosis para salvar una vida.
Origen y expansión global
El consumo recreativo moderno se detectó inicialmente en Europa del Este y Reino Unido, expandiéndose rápidamente hacia Estados Unidos. Su extensión se debe a un factor económico: es barato de fabricar en laboratorios clandestinos y difícil de detectar en controles convencionales. Al mezclarse con heroína o cocaína sin que el usuario lo sepa, las muertes -que ya se cuentan por cientos en regiones como el Reino Unido y Tennessee- siguen aumentando de forma silenciosa pero constante.