Polideportivo

El instante Waerenskjold

El velocista noruego sorprende en el esprint de Nevers y celebra su bautismo en la etapa más rápida de la historia de un Tour que gobierna Pogacar, que temió por una caída
Soren Waerenskjold celebra la victoria al esprint. / Efe

En 1952, Vichy, acogió el final de la 22 ª etapa del Tour, una contrarreloj de 63 kilómetros que conquistó Fiorenzo Magni. Un día después, el pelotón partió de Vichy hacia París, donde Fausto Coppi coronó su segundo y último Tour.

La ruta de Vichy no contemplaba París, que queda lejos en el calendario, pero que viste de amarillo en el presente Tour. Pogacar es París todos los días, incluso en las jornadas que invocan a voces el esprint entre los campos de la Borgoña.

Cerca de Nevers, bandera a cuadros del día, truena el eco de los los tubos de escape de los bólidos de Magny Cours. Ese rugido ensordecedor, sirvió de aliciente para que el pelotón, alocado, a todo velocidad, repleto de urgencia, rodara en busca del desfogue del esprint tras las penurias del Macizo Central.

Soren Waerenskjold encontró la gloria en duelo de velocistas enrarecido, con paradinha, frenados a falta de cinco kilómetros, se reactivaron cuando restaban dos mil metros.

Entre la pausa y la arrancada, la coreografía se alteró. No fue un esprint al uso. Respondió a cierto exotismo por la forma en la que se desarrolló.

En ese contexto, en el que nadie reconocía los preceptos de un esprint tradicional, Waerenskjold supo encontrar la grieta para bañarse en la luz de la victoria, dorada en su rostro. Cees Bol, lanzador de Kooij, abrió una brecha. No dudó el noruego en salir a por él. Ese movimiento felino, instintivo, le abrió la puerta a su primer festejo en el Tour.

Momento de la intensidad del esprint en Nevers. Efe

El noruego cayó en la cuenta que restaban aún 250 metros para el ramo de flores, pero el olor embriagador de los finales felices le arrastró con una fuerza inusitada. Alcanzó una velocidad pinta de 71,4 kilómetros por hora.

“Soy consciente de hay tres hombres más rápidos que yo, pero estaba ahí he ido a tope”, dijo el noruego, que batió a Kooij y Philipsen, sorprendidos por la anticipación de Waerenskjold, que se bautizó en el esprint ante la mirada de Mark Cavendish, el hombre de las 35 victorias en el Tour.

El suyo es el listón más alto entre en balance de triunfos de etapa. En la llegada, el esprinter de la Isla de Man, departió con Renaud Lavillenie, quien fuera el hombre pájaro de la pértiga hasta la Epifanía de Duplantis.

Waerenskjold, un torreón de 1,95 metros y 92 kilos, se agigantó para subir hasta el cielo, impulsado por la pértiga del deseo y la ambición en la etapa más rápida de la historia del Tour, en la que se registró una media de 50,9 kilómetros por hora. “Esta victoria es increíble para mí. La mejor de siempre”, certificó el noruego, que se posó en la felicidad y la emoción.

Formidable su efecto sorpresa en Nevers, donde Pogacar y los otros jerarcas asomaron con el rostro relajado, sin arrugas de esfuerzo a pesar de completar una travesía a la carrera. El esloveno comentó que estuvo a punto de perder el Tour.

“En el Tour todos los días puedes perder y hoy (por ayer) es un buen ejemplo de ello. Había un bidón en la carretera y he estado a punto de irme al suelo. Si me caigo, íbamos a 55 por hora, el Tour se habría acabado para mí“, dijo antes de acudir al podio.

Una gran fuga

Sonó el despertador atravesado el mediodía, más tarde que pronto para resistir con cierto decoro la resaca de la Fiesta Nacional francesa. El orgullo de Francia lo recogió un viejo mosquetero, Julian Alaphilippe, la memoria de la grandeur.

El galo, que fue líder del Tour, luce dos títulos mundiales de ruta en su palmarés (2020 y 2021), seis laureles en la Grande Boucle, tres ediciones de la Flecha Valona, victorias en la Milán-San Remo (2019) y la Strade Bianche (2019)…

Alaphilippe que es una memoria dulce, siempre selectiva, para los franceses, un ciclista burbujeante, achampanado, se dio a la fuga porque solo así podía acercarse al competidor que fue.

La fuga de la etapa. A.S.O.

A Alaphilippe que lució 18 días el amarillo tiempo atrás le afeitó la perilla del arrojo una cota de cuarta. Una tachuela. Allí se quedó clavado uno de los estandartes del ciclismo francés.

De carácter guerrillero trató de prosperar en una huida junto a Nelson Oliveira, Anthon Charmig y Mathis Le Berre, pero se le abrieron las costuras. El paso del tiempo es implacable. No hace prisioneros. No respeta biografías ni glorias pasadas.

Tour de Francia

Decimoprimera etapa

1. Soren Waerenskjold (Uno-X) 3h10:06

2. Olav Kooij (Decathlon) m.t.

3. Jasper Philipsen (Alpecin) m.t.

4. Milan Fretin (Cofidis) m.t.

5. Huub Artz (Lotto) m.t.

6. Biniam Girmay (NSN) m.t.

7. Anthony Turgis (TotalEnergies) m.t.

150. Ion Izagirre (Cofidis) a 36’’

156. Alex Aranburu (Cofidis) a 1:00

157. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) m.t.

General

1. Tadej Pogacar (UAE) 39h25:08

2. Jonas Vingegaard (Visma) a 3:36

3. Remco Evenepoel (Red Bull) a 4:06

4. Juan Ayuso (Lidl) a 4:22

5. Paul Seixas (Decathlon) a 4:35

6. Florian Lipowitz (Red Bull) a 4:44

7. Isaac del Toro (UAE) a 5:08

44. Ion Izagirre (Cofidis) a 1h17:42

79. Alex Aranburu (Cofidis) a 1h57:13

116. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 2h32:52

Se presentaba una travesía sin perfil, desdentada. Una recta ideal para los velocistas, que eran seres sufrientes la víspera, atrapados en los sótanos de la penitencia.

Arrodillados, gateando en el padecimiento y la pena por el sofocante Macizo Central, donde sonrió, pizpireto, Pogacar, relajado en su chaise longue. Su trono.

Una etapa disparada

La felicidad les tocó el hombro a más de 50 kilómetros por hora un día después, disparadas las bicis entre campos de girasoles, a los que no les daba tiempo a girar el cuello para seguir la estelas de colores de los maillots, lanzados, y parcelas quedas de trigo y cereal rapados que sirven para que los decoren con imaginación los muralistas campestres del Tour.

La velocidad estiró el pelotón, con el gaznate alargado, comiéndose el futuro. El trío rodaba muy rápido, presionado por el jauría que anuncia a los velocistas, tipos fuertes, amantes de la adrenalina, el riesgo y la brevedad. La vida en un segundo. La condensación de las prisas.

El intento, conmovedor de Oliveira, Charmig y Le Berre que se despidieron como buenos colegas después de una larga marcha persiguiendo una quimera, pereció en las afueras del encierro que desembocó al esprint.

Estrechada la vía, el pelotón, apretado, en un traje estrecho relajó las pulsaciones y Gaviria le dio tiempo a remontar corriente arriba antes de entrar en el modo de despegue.

Todas las sensaciones en el Tour, que en el fondo es un esprint de 21 días y más de 3.000 kilómetros que corona al más rápido, tienen el aroma de lo efímero, de lo fugaz, del pelotón cruzando a velocidad supersónica los parajes, con el zumbido de los rodamientos cerámicos.

En Nevers existe un museo que venera el tacto de la loza y la cerámica, un trabajo que requiere el tacto y la sabiduría de los alfareros. De sus manos surgió en siglo XVI la afamada loza de Nevers, conocida por sus característicos camafeos azules y motivos policromados.

Alcanzó su época dorada entre los siglos XVII y XVIII cuando los maestros alfareros sustituyeron el uso de vajillas de plata con estas elaboradas piezas. En una de esas piezas, en la etapa más rápida de la historia del Tour, se reflejó, brillante, el instante Waerenskjold.

15/07/2026