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La tregua del viento permite el ataque directo contra el incendio de Los Gallardos tras calcinar 6.600 hectáreas

El fuego, de una virulencia inédita ligada a la emergencia climática, deja doce fallecidos mientras el operativo de más de 500 efectivos aprovecha la mejora meteorológica para acorralar las llamas
El incendio de Los Gallardos, en imágenes / EFE

El amanecer de este sábado en la comarca del Levante almeriense ha traído consigo la primera brizna de esperanza desde que se desatara el infierno. El devastador incendio forestal originado el pasado jueves en el municipio de Los Gallardos ha dejado tras de sí un paisaje desolador y una herida irreparable: doce víctimas mortales y un manto negro que se extiende ya por 6.600 hectáreas. Sin embargo, tras horas de pura resistencia frente a un fuego que devoraba todo a su paso, la naturaleza ha concedido por fin una tregua. La drástica caída de las rachas de viento y el aumento de la humedad han abierto la ansiada "ventana de oportunidad" que permite a los equipos de extinción pasar, por primera vez, de la desesperada defensa al ataque directo.

Desde el Puesto de Mando Avanzado (PMA) ubicado en la localidad de Turre, los rostros de agotamiento de los profesionales se mezclan con una determinación renovada. El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, desplazado a la zona cero, no ha dudado en calificar de "extrema virulencia" el comportamiento de este siniestro. En sus peores momentos, el monstruo de fuego llegó a avanzar a una espeluznante velocidad de cien metros por minuto, una agresividad inédita que Bolaños ha atribuido sin tapujos a la "emergencia climática".

Del fuego técnico al ataque directo

Hasta la pasada noche, las labores de los más de 500 efectivos desplegados sobre el terreno se habían limitado a un titánico esfuerzo de contención para proteger vidas e infraestructuras. El consejero andaluz de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, ha detallado cómo la madrugada fue escenario de maniobras de alta precisión. Los equipos ejecutaron quemas técnicas, combatiendo "fuego contra fuego" en las inmediaciones de la autovía A-7. Esta audaz y peligrosa estrategia defensiva fue un éxito rotundo: evitó que las llamas saltaran la vital infraestructura, un escenario que habría multiplicado geométricamente la complejidad de la extinción. Gracias a ello, la autovía pudo ser reabierta al tráfico de madrugada, en torno a las 3:00 horas.

Hoy, el escenario es distinto. Con un viento racheado que ha caído a unos testimoniales dos kilómetros por hora y una humedad relativa que ronda el 50 %, la orden en las radios de los operativos ha cambiado radicalmente: hay que "trabajar en ataque". Sanz ha advertido que, pese a las buenas noticias del cielo, el incendio sigue siendo de colosales dimensiones, por lo que la prioridad absoluta es consolidar los avances de la noche y estabilizar el frente norte, dado que la zona sur limítrofe con la A-7 se da por "prácticamente estabilizada".

El lento y doloroso proceso de identificación

Mientras en el monte se libra la batalla contra las llamas, en la retaguardia se gestiona el duelo y la incertidumbre. El balance oficial se mantiene anclado en doce víctimas mortales que "terriblemente perdieron la vida", en palabras del consejero Sanz. La mejor noticia de la jornada es que los intensos peinados que realiza la Guardia Civil en las zonas calcinadas no han revelado nuevos hallazgos macabros, lo que resulta "esperanzador" para las autoridades.

Ahora, la urgencia se traslada a los laboratorios. Las autopsias de los cadáveres ya han concluido, pero la virulencia del fuego obliga a recurrir a la genética. La Guardia Civil remitirá en las próximas horas las muestras de ADN a Madrid para su análisis, un trámite indispensable y previo a la identificación oficial.

Paralelamente, se lidia con la angustia de las familias. Actualmente constan siete denuncias formales por desaparición, cuyas identidades podrían coincidir con las de los fallecidos. A esto se suman las alertas de búsqueda de una veintena de ciudadanos "ilocalizados". Muchos de ellos son residentes extranjeros, lo que ha llevado a las autoridades a pedir "máxima prudencia", recordando que es habitual que estos vecinos pasen temporadas sin contactar con sus países de origen, por lo que elevar prematuramente la cifra de desaparecidos dibujaría una realidad distorsionada. La tensión en la zona es tal que Bolaños ha confirmado la detención de dos personas durante la noche por desobedecer de forma imprudente las estrictas órdenes de evacuación dictadas por la Guardia Civil.

Un despliegue sin precedentes por tierra y aire

Para doblegar al fuego, las administraciones han tejido una red de colaboración que el Gobierno Sánchez tilda de "extraordinaria". En este momento, no hay margen para reproches políticos; Bolaños ha evitado valorar la polémica decisión técnica de la Junta de Andalucía de no activar el sistema de avisos masivos ES-Alert, subrayando que es la hora de trabajar "codo con codo".

El músculo del operativo es formidable. Por tierra se baten el cobre 200 profesionales del plan autonómico Infoca, 200 militares de la UME, los equipos de la BRIF del Ministerio de Transición Ecológica (Miteco) y los Bomberos del Levante. A ellos se suma un potente dispositivo de la Junta que incluye 13 grupos de bomberos forestales y unidades médicas y meteorológicas móviles.

Desde el amanecer, el cielo de Los Gallardos se ha llenado del incesante rugir de los motores. Tras una incorporación escalonada, el espacio aéreo está tomado por una imponente flota: helicópteros ligeros, semipesados y pesados, aviones de coordinación, de carga en tierra y dos imponentes anfibios pesados. En total, más de una veintena de medios aéreos bombardean sin descanso los flancos más rebeldes.

El drama del éxodo: casi 1.500 evacuados

La dimensión de la tragedia humana se mide también en las maletas hechas a la carrera. La cifra oficial de desplazados preventivos asciende a 1.448 personas procedentes de once zonas distintas que se han visto amenazadas por la lengua de fuego. De todos ellos, 164 permanecen realojados en dispositivos habilitados de urgencia, como el teatro de Lubrín, el pabellón de Garrucha y un antiguo convento. El resto ha buscado cobijo en la solidaridad de familiares o en hoteles de municipios vecinos como Mojácar y Vera.

La situación es especialmente delicada en la barriada de El Pocico, también en Lubrín, donde unas ochenta personas continúan confinadas en sus hogares bajo estrictas medidas de precaución. Ante este desolador panorama, el Gobierno español se ha comprometido ya a gestionar la ayuda estatal necesaria para garantizar los suministros básicos a los albergados. Aún no hay fecha para el retorno a casa. De momento, la mirada de los vecinos y de todo el dispositivo sigue clavada en la cima de los montes, confiando en que el cambio del viento sea el principio del fin de una pesadilla que ha enlutado a toda Andalucía.

12/07/2026