Este 2026 arranca con beneficios a corto plazo para aquellos consumidores que hayan optado por una hipoteca variable con revisión anual, eso sí, siempre y cuando que el tipo no se encarezca a partir de la primavera. Precisamente, el euríbor a un año experimentará una corrección a la baja en enero tras sumar cinco meses con tendencia alcista, de manera que su valor mensual medio será de alrededor del 2,247%. Dicha tasa se sitúa ligeramente por debajo del euríbor del 2,267% registrado el pasado diciembre.
No conviene confundir esta bajada con un cambio absoluto de tendencia. “Simplemente, el euríbor se ha estancado tras las últimas correcciones al alza”, explica el analista hipotecario Miquel Riera. Por tanto, a lo largo del 2026 cabe esperar que el euríbor oscile entre el 2,20% y el 2,30%, sin que se produzcan movimientos importantes en su evolución.
Ahora bien, ¿qué relación existe entre el estancamiento del euríbor y las hipotecas variables con revisión anual? Recordemos que en enero de 2025, el valor de este índice era sensiblemente superior al actual: 2,525%. Esto significa que, si el euríbor se actualiza en las próximas semanas, a los consumidores se les aplicará un interés inferior, lo que les permitirá asumir unas cuotas más baratas.
Por el contrario, el segmento de la población que tenga una hipoteca con revisión semestral percibirá una subida de cuota en cuanto su interés se actualice con el euríbor de enero. Este incremento se debe a que el valor de este índice en julio del año pasado era de 2,097%, es decir, más bajo que el actual.
Un ejemplo: tenemos una hipoteca variable media de 150.000 euros a 25 años con un tipo de euríbor más 1%. En este escenario, las mensualidades descenderán de 753 a 731 euros si la revisión es anual, aproximadamente (casi 270 euros menos al año). No obstante, si la revisión de este índice es de carácter semestral, el pago se incrementará de los 717 a los 731 euros, aproximadamente.
OPTIMISTAS, PERO ATENTOS
Predomina una tensa calma que convive con la incertidumbre geopolítica. Pese al pronóstico positivo, el riesgo no desaparece. “La inflación de la eurozona está controlada y en principio no se prevén recortes ni subidas de tipos del Banco Central Europeo”, anticipa el especialista. En un contexto como este, anticiparse es complicado, ya que el mercado avanza atento a lo que ocurre a nivel global y cualquier suceso puede alterar las expectativas de inflación y crecimiento, además de impactar en el BCE.
Y un dato no tan tranquilizador: este año, lo más probable es que las hipotecas nuevas salgan más caras que las mejores ofertas lanzadas durante el 2025. No se trata de que el mercado se haya frenado, sino que ha entrado en una fase distinta. El ejercicio anterior cerró con cerca de medio millón de hipotecas firmadas, aunque el entorno económico estuvo marcado por la competencia agresiva en el tipo fijo. Tras batir este récord, las entidades bancarias ya han ampliado su cartera de préstamos y ya no tienen la misma inquietud por luchar por cada operación con precios tan ajustados como antes.
También influye el IRS o 'Interest Rate Swap' a 30 años, una referencia que indica el “precio esperado del dinero” a largo plazo. En 2025, este indicador subió cerca de un punto, desde alrededor del 2% a principios de año hacia el 3% a finales de 2025. La consecuencia de esta subida es que a las entidades bancarias les supone más esfuerzo "asegurar" un tipo fijo durante tres décadas y trasladan esta preocupación a las nuevas hipotecas, reduciendo así su margen para gangas. Sin embargo, el encarecimiento en el sector hipotecario no significa que la demanda vaya a caer en picado, pero sí que seremos testigos de un 2026 en el que no será tan fácil encontrar tantos chollos y los precios serán más elevados.