La duda es habitual al parar en una gasolinera: ¿merece la pena llenar el depósito hasta arriba o basta con echar lo suficiente para los próximos días? La respuesta de los especialistas en mecánica es clara y se inclina por el depósito lleno o cercano al máximo, siempre que no se fuerce la manguera más allá del corte automático. Circular habitualmente con el depósito a medias o bajo mínimos tiene consecuencias técnicas concretas sobre varios componentes del vehículo.
La bomba
La bomba de combustible es el componente más sensible al nivel del depósito. Está situada dentro del tanque y utiliza el propio combustible para refrigerarse. Cuando el nivel es bajo, la bomba trabaja con menos líquido alrededor, la temperatura sube y el desgaste se acelera. Mantener el depósito por encima de la mitad reduce el estrés térmico sobre la bomba y alarga su vida útil. Una bomba averiada puede suponer una reparación de varios cientos de euros.
Hay un segundo factor relacionado con la temperatura: el combustible que circula por el sistema de inyección y no se consume vuelve caliente al depósito. Cuanto más volumen hay en el tanque, mejor se disipa ese calor. Con el depósito casi vacío, el líquido sobrante vuelve a un espacio reducido y la temperatura interior sube con más facilidad, afectando al rendimiento del circuito.
Depósito lleno, menos evaporación
Un depósito con poco combustible tiene más espacio de aire en su interior. Eso favorece la evaporación del combustible, especialmente en días de calor. Con el tanque lleno o cercano al máximo, hay menos superficie de contacto entre el carburante y el aire, lo que reduce las pérdidas por evaporación. El efecto no es dramático, pero sí medible a lo largo del tiempo. Los expertos fijan el límite inferior en el cuarto de depósito. Por debajo de ese nivel, el riesgo de avería aumenta mucho.
Gasolina