Polideportivo

El día que Hunt fue campeón y Lauda temió la muerte

En el Gran Premio de Japón de 1976 aconteció uno de los finales más dramáticos de la historia de la Fórmula 1, que encumbró a James después de que Niki, que dos meses antes sufrió graves quemaduras, decidió no correr y cedió su liderato
Niki Lauda y James Hunt charlan antes del comienzo del Gran Premio de Japón de 1976, en el que se decidió el título. / Archivo

Niki Lauda y James Hunt protagonizaron una de las rivalidades más populares de la Fórmula 1. La divergencia de sus personalidades enriqueció un duelo que ofreció uno de los episodios más dramáticos de la historia. Sucedió hace 50 años, en el Gran Premio de Japón, adonde el Gran Circo se dirige este fin de semana y que por aquel entonces se celebró el 24 de octubre. Era la última carrera de la temporada. Un final impresionante que se convirtió en guion de película.

Lauda era un piloto metódico, disciplinado, que basaba su progresión en su profesionalidad, en el trabajo y su capacidad de adquirir conocimiento que le permitió ser un genio de la puesta a punto. Hunt era el chico guapo díscolo, rebelde, con talento bruto, una estrella del rock con grandes dotes de pilotaje, un playboy con ganas de fiesta sobre el asfalto. “Mi mejor entrenamiento es el sexo”, proclamaba con bravuconería un tipo apodado Hunt the Shunt por su tendencia a destrozar coches y provocar accidentes. “James Hunt y yo éramos amigos. Le respetaba mucho en pista. Podías ponerte a dos centímetros de su coche y sabías que él no iba a cometer ninguna estupidez”, describió Lauda, quien confesó que el inglés era uno de sus pocos amigos en el paddock, pese a que el inglés siempre se mofó de su protrusión dental, que le hizo ganarse el apodo de La Rata.

Sin embargo, ambos terminaron protagonizando una enconada batalla aquella temporada, que parecía destinada a la coronación de Lauda a bordo del Ferrari. En la séptima carrera de las dieciséis que conformaban el calendario, Niki presentaba una ventaja de 35 puntos sobre Hunt y 30 sobre Jody Scheckter, que por aquel entonces era el segundo clasificado. En aquel 1976, la victoria concedía 10 puntos y solo los seis primeros clasificados puntuaban.

McLaren, el asiento de Hunt, y Ferrari habían intercambiado protestas a lo largo del curso. La polémica aumentó cuando Hunt fue descalificado –debido a una colisión en la primera vuelta– una vez que ya se había proclamado ganador del Gran Premio de Gran Bretaña, la estación previa a Nürburgring. Lauda llegó al mítico circuito alemán con la enorme ventaja de 23 puntos. Pero sufrió un terrible accidente a más de 190 kilómetros por hora. El Ferrari se incendió y el piloto permaneció atrapado entre una bola de llamas casi un minuto. “Si llego a estar dentro del coche 10 segundos más, habría muerto”, atestiguó. Sufrió quemaduras graves en la cabeza y las manos, daño pulmonar severo por la inhalación de gases tóxicos y estuvo en coma. Incluso recibió la extremaunción. 

Pero solo 42 días después, obsesionado por defender su liderato, Lauda regresó a la competición en una de las gestas de superación, voluntad y determinación más relevantes que ha dado el deporte. “Prefiero un pie derecho perfecto a una cara bonita”, dijo el austríaco, que solo se perdió dos carreras antes de volver a situarse al volante en Italia. Aquel día, Hunt abandonó y Lauda terminó cuarto. La diferencia era de 17 puntos con tres carreras por delante. Hunt the Shunt añadió presión, ganó en Canadá y Estados Unidos, donde The Rat firmó un abandono y un tercer puesto. Japón decidiría.

Lauda acudió a las faldas del monte Fuji con tres puntos de ventaja. La expectación alcanzó niveles insospechados. La arrolladora personalidad de Hunt, un reclamó para la prensa y los aficionados, se veía desplazada por el milagroso regreso de Lauda, que parecía volver de la muerte, para quien ponerse el casco significaba un sacrificio. El inglés clasificó por delante para la carrera, fue segundo, mientras que el austríaco saldría desde la tercera pintura. Ambos fueron superados por el Lotus de Mario Andretti.

Un día de perros

El domingo amaneció con el cielo encapotado. La tormenta devoró el circuito del país del sol naciente. Hizo acto de presencia para jugar un papel decisivo. La carrera se retrasó por cuestiones de seguridad. Durante más de una hora y media se intercambiaron impresiones. Pero la organización sucumbió a la presión mediática. Como promotor, Bernie Ecclestone quería percibir los ingresos televisivos. Por eso, adoptó una medida salomónica: que corriera quien quisiera.

Hunt habría mostrado la determinación de tomar la salida si la prueba se disputaba. Lauda dijo lo contrario; no participaría en condiciones inseguras. Niki advirtió que daría una vuelta y se retiraría. La visibilidad era de apenas 200 metros y el asfalto brillaba como un espejo. El espray de agua cegaba. La mayoría de los pilotos se dirigieron enfurecidos hacia sus monoplazas. Hunt, por ejemplo, caminó hacia su McLaren a través de un pasillo improvisado hecho de madera para no empapar sus botines.

Cuando se disparó la carrera, poco o nada había cambiado la situación en pista. Hunt tomó la cabeza. Lauda cayó al décimo lugar en la primera vuelta; seguido, completó la segunda y abandonó. Fiel a sus principios. “No me arrepiento. Haría lo mismo otra vez. Pero tengo que decir que sin mi accidente, tal vez habría tenido las reservas para correr”, confesó Lauda, quien proclamó aquel día: “Mi vida vale más que un campeonato mundial”. Una frase que tiempo después se transformaría: “La única victoria importante en este negocio es el día en el que abandonas el paddock con vida”.

El emocionante final

Hunt parecía lanzado hacia su primer título mundial. Lideró las primeras 61 vueltas de las 73 programadas mientras la pista se iba secando. Luego alternó la segunda y la tercera posición. Pero a cinco giros del final, el drama irrumpió de nuevo con fuerza. James sufrió un pinchazo y se vio obligado a pasar por el garaje. Reanudó la prueba en quinta posición, con la necesidad de ganar dos puestos para sumar los 4 puntos necesarios para certificar el título.

En las dos siguientes vueltas fue incapaz de adelantar. A esas alturas Niki viajaba hacia el aeropuerto con la radio puesta en el automóvil, consciente de la situación de Hunt, hasta que al llegar al aeródromo comprendió que el inglés se había proclamado nuevo campeón mundial. Hunt acabó tercero en Japón, con 69 puntos en su casillero, uno más que Lauda. “Cuando me ganó el campeonato, le dije que estaba contento de que el campeón fuera él y no otro”, evocó el austríaco.

Hunt llegó al box enfurecido, ignorando su nueva condición, hasta que le informaron de que había conquistado el título. En una muestra del profundo respeto que ambos pilotos se profesaban, el inglés manifestó: “Debo disculparme con Niki porque esta carrera se corrió en circunstancias ridículas. Entiendo que se haya retirado. Después de un accidente así, ¿qué más podía hacer? Siento que soy un justo campeón, pero que también lo es él. Me hubiese encantado que empatáramos”.

James Hunt y Nikki Lauda habían protagonizado uno de los finales más emocionantes de la historia de la Fórmula 1, que fue fuente de inspiración para la película Rush, dirigida por Ron Howard y protagonizada por Chris Hemsworth (Hunt) y Daniel Brühl (Lauda). Fue el primer y único título del inglés, mientras que el austríaco lograría un total de tres. Aquel día de perros solo once de los veinticinco pilotos que tomaron la salida finalizaron la carrera.

27/03/2026