El Gobierno Vasco dio luz verde el pasado mes de diciembre a la nueva Ley de Medidas Urgentes en materia de Vivienda, Suelo y Urbanismo, una norma que nace para dar respuesta a una de las mayores preocupaciones sociales: la dificultad de acceso a la vivienda.
No obstante, el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN) advierte de que las prisas no deben comprometer la calidad de nuestros barrios. Su postura reclama que la vivienda se entienda como parte de una ciudad saludable, con servicios y diseño de calidad, y alertan de que ciertos atajos legales podrían acabar generando inseguridad y peores soluciones habitacionales a largo plazo.
“ Su postura reclama que la vivienda se entienda como parte de una ciudad saludable, con servicios y diseño de calidad ”
Para explicar esta postura, Mikel Díaz de Ilarraza, secretario del COAVN, e Ignacio de la Puerta, miembro de la Junta de Gobierno del COAVN, participaron el 23 de julio del pasado año en la comisión parlamentaria de tramitación de la ley, a petición del departamento de Planificación Territorial, Vivienda y Agenda Urbana, para aportar la visión del Colegio en relación con la proposición de ley.
¿Qué lectura hacen de esta nueva Ley de Medidas Urgentes?
Compartimos la preocupación social por lo difícil que es hoy encontrar vivienda a un precio razonable y asequible. Es un reto que exige respuestas valientes y bien coordinadas. Sin embargo, creemos que en el texto final ha pesado más la prisa política que las consideraciones técnicas aportadas durante el proceso. Para nosotros, la prioridad es que estas medidas no sean un parche temporal, sino que sirvan para mejorar la vida de la gente de forma duradera.
Ustedes hablan de una "elevada complejidad" en el urbanismo actual. ¿Cómo afecta eso al ciudadano/a de a pie?
Se traduce en un laberinto de papeles. Hoy, entre leyes, trámites administrativos y requisitos de todo tipo, un proyecto de edificación de vivienda de nueva planta puede tardar años en ver la luz. La ciudadanía es la principal perjudicada por este atasco. Por eso, más que medidas de urgencia, lo que el ciudadano/a merece es una revisión de la Ley de Suelo para que construir viviendas sea algo ágil y eficiente de verdad.
Hay un punto que les preocupa especialmente: que se contrate a la vez el diseño (proyecto) y la construcción (obra). ¿Por qué debería importarnos esto?
Porque no solo afecta directamente a la calidad de la vivienda donde vas a vivir, sino también al espacio público, que se configura, en gran medida, por la propia arquitectura. El arquitecto/a es un profesional independiente entre cuyas funciones está la dirección del proceso de construcción para vigilar que la constructora lleve a cabo la obra según lo proyectado y prescrito, en plazo, calidad y precio. Si la propia constructora pasa a ser quien proyecta y dirige la obra, se produce un conflicto de intereses en el cual se pierde ese control. Una contratación separada del proyecto y la obra garantiza, a su vez, que el diseño de los hogares y los barrios lo desarrolle el único profesional que tiene las competencias legales para hacerlo, además de disponer de la visión completa del proceso.
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¿Creen que la urgencia de la ley podría ser contraproducente?
Si una ley se tramita con excesiva urgencia y contiene formulaciones que generan dudas interpretativas, el resultado es la inseguridad jurídica. Lo más peligroso para quien espera una vivienda es que por un error de procedimiento o una falta de análisis técnico, los proyectos acaben bloqueados, viendo frustrado su anhelo de poder acceder a ella. La agilidad es fundamental, pero sin rigor técnico e independencia entre los agentes intervinientes, como señala la Ley de Ordenación de la Edificación, las soluciones habitacionales corren el riesgo de estancarse y dar un resultado distinto al pretendido.
¿Qué otros factores deberían tenerse en cuenta para que estas medidas funcionen?
Producir viviendas de forma rápida no debe ser la principal prioridad. Para que la ciudadanía viva bien, hay que pensar en el barrio y la ciudad en su conjunto y no sólo en la edificación de nueva planta: edificios y barrios que tengan servicios, que sean accesibles para todos y todas, que sean sostenibles, con calidad arquitectónica y urbana y que estén bien conectados. Además, el precio de la vivienda depende de muchos otros factores, como la fiscalidad, la capacidad financiera o las presiones de otros elementos, como el turismo. Por eso, insistimos, para que las casas sean verdaderos hogares y los barrios continúen ofreciendo calidad de vida, no basta con la urgencia; hace falta planificar con visión de futuro.