Acudir a las playas vascas en busca de un chapuzón para refrescarse resulta cada vez más difícil debido a que la temperatura del agua no para de subir. Según datos de la Aemet el pasado 24 de junio, la temperatura del mar medida en el Aquarium de Donostia alcanzó un dato histórico de 25,2 grados, situándose ese mes dos grados por encima de la media habitual, la más alta de la historia desde 1947. Un registro que sitúa sus aguas en valores "propios del Mediterráneo y no del Cantábrico", afirma el delegado de Aemet en Euskadi, Enric Armengol.
En el medio terrestre, dos grados pueden parecer un cambio insignificante, ya que las temperaturas pueden variar una decena de grados o más en un mismo día. En el mar, sin embargo, "es una animalada", destaca Armengol. Por su parte, Julen Rekondo, especialista medioambiental, aclara que este aumento se debe "al calentamiento de la atmósfera. Fundamentalmente, los océanos actúan como el gran sistema de absorción del clima de la Tierra, reteniendo aproximadamente el 91% del exceso de calor y la energía acumulada en el planeta por el efecto invernadero".
Imagen captada por Copernicus que muestra el calentamiento de mares y océanos.
La quema de combustibles fósiles, la deforestación y otras actividades humanas retienen ese calor en la atmósfera y ocasionan que el océano absorba un exceso térmico. "Concretamente el País Vasco, para producir electricidad, usa un 80% de combustibles fósiles", aclara el experto. Por otro lado, también destaca la movilidad, que es fundamentalmente por carretera, tanto el transporte de viajeros como de mercancías: "Es la que más crece a nivel de emisiones".
Además, a medida que el agua marina consume este calor, aumenta su volumen. "Esto representa entre un tercio y la mitad del aumento global del nivel del mar", puntualiza Rekondo. De igual forma, alerta de que "el ritmo de ascenso se ha duplicado en los últimos 60 años". Adolfo Uriarte, director de Patrimonio Natural y Adaptación al Cambio Climático, detalla que "más del 50-60% de la subida del nivel del mar se debe a esta expansión térmica, a estas temperaturas en aumento del agua del mar". Asimismo el director comenta que el aumento del nivel del mar ha pasado de subir "1,9 milímetros al año a 3,5, e incluso 3,8 milímetros al año". Según el noveno Informe sobre el Estado de los Océanos de Copernicus de la UE "Desde principios del siglo XX, el nivel del mar ha subido 228 milímetros y alcanzó valores récord en 2024. Además, el aumento del nivel del mar se está acelerando, incrementándose en un 30% entre las décadas de 1990 y 2010".
Y fenómenos como 'El Niño', un evento climático natural que consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, "alteran temporalmente los patrones oceánicos y atmosféricos, liberando calor acumulado hacia la atmósfera e incrementando aún más las temperaturas globales del agua", relata el especialista.
Efectos directos
Pero lo único preocupante no es que ya no refresquen las aguas del Cantábrico, sino que este fenómeno provoca varios efectos directos. Rekondo explica que una de las modificaciones que se producen es la migración de especies: "La campaña de AZTI ha detectado que variedades como el bonito avanzan su llegada al Cantábrico a un ritmo de 2 días por década. A gran escala, la fauna marina se desplaza hacia el norte y a zonas más profundas buscando aguas más frías".
Otro de los cambios es la disminución en el peso medio de especies como la anchoa y la sardina, así como "un incremento en la proliferación de organismos gelatinosos que alteran las dinámicas de pesca". Otro factor es el predominio de especies cálidas como la comunidad bentónica, el conjunto de organismos que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos de la costa vasca se está transformando, "favoreciendo a las especies de aguas templadas frente a las de aguas frías como las medusas o las carabelas portuguesas", narra el director de patrimonio natural.
Se habla ya muchas veces de una "Euskadi tropikala". No solamente está habiendo altas temperaturas durante el día, sino que a la noche no se enfría nada, "el Cantábrico se está mediterranizando", afirma Rekondo. Siempre se ha considerado que el norte peninsular tenía una serie de condiciones climáticas diferentes al Mediterráneo, "pero cada vez se parecen más", concluye. Uriarte explica que esto se debe a "las olas de calor marinas". El mar siempre ha actuado como atemperador de la zona costera cuando hay mucho calor a través del régimen de brisas: "Precisamente por este intercambio de temperatura con la atmósfera, esta subida de la temperatura del agua está produciendo que no se refrigeran tanto las ciudades por las noches".
La última afección directa es la evaporación. El agua caliente se evapora más rápidamente y lo que hace es soltar mucho vapor de agua a la atmósfera lo que causa "precipitaciones cada vez más abundantes", finaliza el director.
Una mirada larga
Aunque muchas personas viven el presente, se debe tener "una mirada larga" para poder parar o ralentizar este fenómeno. Rekondo detalla que lo que se tiene que hacer es, en primer lugar, reducir las emisiones; regenerar viviendas, centros educativos o empresas o la revegetación: "Todo ello puede reducir un poco las temperaturas tan altas que estamos viviendo".