Los Chicago Bulls eran una franquicia mal acostumbrada al éxito gracias a la época de los 90 con Michael Jordan. La marcha de 'Mike' dejó huérfano a un equipo que encontró su padre 10 años después, un base de Chicago, que iba a convertirse en el ídolo de la ciudad que le vio nacer.
El pasado sábado, la entidad de Illinois celebró el acto de retirada de dorsal de Derrick Rose. El '1' ya está en lo alto del United Center junto al 4 de Jerry Sloan, el 10 de Bob Love, y los 23 y 33 del mítico dúo Jordan-Pippen.
Una ceremonia que fue el colofón de la gran noche que vivió el equipo local con su victoria frente a los Boston Celtics en el último segundo gracias al triple ganador de Kevin Huerter.
En una ciudad en la que Michael Jordan es el rey absoluto, hay un príncipe que tiene casi el mismo cariño de la afición de los Bulls. Es tal su magnitud, que jugadores como Draymond Green han llegado a equipararlos: "Con todo el respeto debido a Michael Jordan, me encanta MJ, todos queremos ser como Mike, todavía me encanta Mike. Mike no significa más para la ciudad de Chicago que Derrick Rose. Eso solo son hechos", comentó el jugador de los Golden State Warriors en su podcast.
Desde su llegada como número uno del Draft de 2008, solo necesitó tres temporadas para devolver a los Bulls a la élite de la Conferencia Este, liderando al equipo a 62 victorias en la campaña 2010-11 y rompiendo todos los pronósticos al convertirse, con solo 22 años, en el MVP más joven de la historia de la NBA.
Bajo su liderazgo, Chicago volvió a ser un equipo temido que plantaba cara al dominio que tenían LeBron James y los Miami Heat en playoffs por aquel entonces. Rose fue tres veces All-Star con la camiseta roja, integró el Mejor Quinteto de la NBA y llevó a los Bulls a unas finales de conferencia que parecían el primer paso hacia algo aún más grande.
Con Tom Thibodeau en el banquillo, los Bulls encontraron en su base el equilibrio perfecto entre talento individual y compromiso colectivo, convirtiéndose en un rival respetado por los demás y recuperando ese aroma de grandeza que hacía años que la gente de Chicago no respiraba.
La fatídica lesión
El 28 de abril de 2012 fue el día que cambió la vida de Derrick Rose. En el primer partido de la primera ronda de playoffs ante los Philadelphia 76ers, con 1:22 por jugar y el partido prácticamente decidido, Derrick Rose cayó mal tras una penetración.
La imagen fue devastadora; rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. El base de 1,91 metros se marchaba del parqué sin saberlo, pero aquel gesto cambiaría el rumbo de una franquicia entera.
Rose se perdió por completo la temporada 2012-13, una ausencia que dejó a los Bulls sin su faro ofensivo y emocional. Chicago siguió compitiendo, fiel al espíritu combativo que él había impregnado, pero ya no era lo mismo. El equipo que había sido primero del Este un año antes perdía a su líder en el momento en el que debía confirmar su salto definitivo a la cima. La espera se alargó más de lo previsto y la presión creció a cada mes sin noticias de su regreso.
Cuando volvió a las pistas en octubre de 2013, el United Center explotó en una ovación que reflejaba más alivio que euforia.
Sin embargo, la continuidad nunca llegó. Nuevas intervenciones en la misma rodilla y problemas físicos posteriores impidieron que Rose volviera a encadenar temporadas completas en Chicago.
Aun así, cada reaparición era celebrada como un acontecimiento y cada destello recordaba lo que había sido y lo que pudo ser.
Travesía por el desierto
La salida de Michael Jordan en 1998 abrió un vacío que los Chicago Bulls nunca lograron llenar de inmediato. Tras el último anillo, la franquicia se hundió en una reconstrucción prolongada y dolorosa; entre 1999 y 2004 no alcanzó los playoffs y llegó a firmar una temporada de solo 13 victorias, la peor de su historia.
Scottie Pippen y Michael Jordan, juntos en los Chicago Bulls.
Ni los proyectos alrededor de Elton Brand, Jalen Rose o Jamal Crawford lograron devolver a Chicago al primer plano, y el United Center pasó de ser el epicentro de la NBA a un escenario dominado por la nostalgia.
Entre 2012 y 2015, Chicago alternó participaciones discretas en playoffs con eliminaciones tempranas, sin llegar nunca a superar las semifinales de conferencia. Jugadores como Joakim Noah, Jimmy Butler o Luol Deng mantuvieron al equipo a flote, pero la sensación que flotaba en el ambiente era que se necesitaba una estrella.
La salida definitiva de Rose en 2016 simbolizó el cierre de una etapa. Los Bulls iniciaron entonces otra reconstrucción que tampoco encontró estabilidad. Entre 2017 y 2020 quedaron fuera de playoffs de manera consecutiva. Cambios en los despachos, en el banquillo, en el vestuario... El equipo volvía a moverse entre promesas, proyectos inacabados y decisiones erráticas, lejos del estatus que había marcado su historia.
Después de su salida de los Bulls en 2016, la carrera de Derrick Rose siguió un camino muy distinto al de sus primeros años con Chicago. Fue traspasado a los New York Knicks —donde no dio un mal nivel—, antes de pasar por varias franquicias de la NBA en busca de protagonismo y oportunidades de aportar como veterano.
También vistió las camisetas de los Cleveland Cavaliers, Minnesota Timberwolves y Detroit Pistons, donde todavía firmó temporadas productivas e incluso un partido de 50 puntos con los Timberwolves en la temporada 2018-19.
Su último equipo fueron los Memphis Grizzlies, equipo con el que cerró su carrera profesional jugando 24 partidos en la temporada 2023‑24, en un rol de aportar veteranía más que cualquier otra función.
Finalmente, tras 15 temporadas en la NBA, el 26 de septiembre de 2024, 'D-Rose' anunció su retirada definitiva de las canchas.
La de Rose es la historia de aquellos jugadores que lograron el cariño de una ciudad sin necesidad de brindarles un título. Es difícil imaginar cómo habría sido su trayectoria sin esa lesión, aunque a veces, las historias se hacen memorables tal y como suceden.