“¿Qué tal?”,”¿Cómo estás?” Seguramente te han hecho estas pregunta miles de veces y, la mayoría de las ocasiones has respondido de manera casi sin pensar: “Bien, gracias”. Una fórmula que permite cerrar la conversación rápidamente, evitando detenernos a reflexionar, dar explicaciones o enfrentarnos a lo que realmente sentimos en ese momento.
Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano se esconde algo más profundo. Javier Quintero, jefe del servicio de psiquiatría, salud mental y adicciones del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid, lo resume así: “Esa pregunta es en realidad una puerta de entrada a uno mismo. Puedes responder en automático o aprovechar ese momento para hacer un chequeo interno y preguntarte de verdad cómo te encuentras”. La mayoría de las veces, elegimos la primera opción, porque enfrentarnos a la realidad resulta incómodo.
Menos felices que hace 15 años
Esa incomodidad se refleja también en la fotografía global del bienestar. Según el “Informe de Felicidad 2026” elaborado por Ipsos, el 74% de la población en 29 países analizados dice sentirse feliz, pero la satisfacción ha disminuido respecto a hace 15 años. En más de la mitad de los países comparables, las personas se sienten menos satisfechas que en 2011. La realidad de los jóvenes es paradójica: cuentan con más oportunidades, derechos y acceso a información que sus padres, pero registran niveles récord de tristeza, ansiedad y soledad, según estudios de Harvard y el World Happiness Report.
¿Por qué ocurre esto? ¿Qué factores están detrás de este creciente malestar? Javier Quintero es rotundo: “Lo que ocurre es que nos queremos y nos cuidamos poco. Pensamos que la sociedad o las circunstancias nos van a proporcionar la felicidad y es un error”. La consecuencia es una insatisfacción persistente, una sensación de que siempre hay algo pendiente que nos impide estar bien y ser felices. “Estamos centrados acumular bienes y eso nos impide disfrutar de lo que ya tenemos. Esa insatisfacción es una de las claves del malestar actual”, reconoce Javier Quintero, psiquiatra con más de 25 años de experiencia clínica.
A esa insatisfacción contribuyen también las redes sociales. Según Quintero, “las redes sociales muestran una vida editada, donde todo parece perfecto. Eso genera una comparación constante que hace mucho daño, especialmente a los jóvenes”.
El psiquiatra señala que esta comparación ha cambiado con los años: antes, las personas nos comparábamos con nuestro entorno cercano, pero ahora nos enfrentamos a “una versión idealizada del mundo”, lo que distorsiona nuestra percepción de la realidad. En su opinión, este fenómeno amplifica la dificultad de muchos adolescentes para reconocer y gestionar sus emociones, un contexto que no hace más que agravar los problemas emocionales.
Quintero subraya que entender estos efectos es crucial para abordar la insatisfacción y el malestar, y advierte de que ignorarlos puede tener consecuencias duraderas en la salud mental, sobre todo de las nuevas generaciones.
“ La felicidad no depende de lo que tenemos; depende de uno mismo, del sentido que le damos a la vida ”
Javier Quintero - Jefe de psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor
¿En qué consiste la felicidad?
¿De qué hablamos exactamente cuando nos referimos a la felicidad? “La felicidad tiene poco que ver con el placer o el éxtasis. No es comprarse un coche o conseguir algo concreto, eso es placer. El placer es efímero, momentáneo. La felicidad es duradera y consiste en que aquello que sientes esté alineado con lo que piensas y haces. Cuando esos tres planos encajan, aparece una sensación de fluidez que podemos identificar como felicidad”, comenta Quintero.
Esa definición implica asumir que no siempre podemos ser plenamente felices. “No vamos a estar siempre felices, eso es una fantasía. Hay días mejores y días peores, y eso forma parte de la vida”, explica. La clave, por tanto, no está en evitar el malestar, sino en aprender a gestionarlo. “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Todos vamos a vivir situaciones difíciles, la diferencia está en cómo gestionamos ese sufrimiento”, señala.
Búsqueda de la felicidad
Una investigación de la psicóloga Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California, señala que aproximadamente el 50% de la felicidad depende de factores genéticos, un 10% de las circunstancias externas y hasta un 40% de los hábitos y decisiones que tomamos cada día.
Las circunstancias y la genética influyen en nuestro bienestar, pero no lo son todo. La manera en la que interpretamos lo que nos ocurre y las decisiones que tomamos en el día a día siguen teniendo un peso determinante: “La felicidad no depende de lo que tenemos; depende de nosotros mismos, del sentido que le damos a la vida. Evidentemente, si uno está enfermo o tiene algún problema es más complicado que sea feliz, pero no imposible. Por otro lado, tenerlo todo a favor tampoco garantiza la felicidad. Hay quienes, a pesar de contar con multitud de recursos, no son felices”.
“ Todos vamos a vivir situaciones difíciles, la diferencia está en cómo gestionamos ese sufrimiento ”
Javier Quintero - Jefe de psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Isabel
¿Cómo entrenar la felicidad?
¿Se puede entrenar para la felicidad? “Por supuesto. Lo primero es entender qué significa ser feliz para cada uno y, desde ahí, trabajar para sostenerlo en el tiempo. Muchas veces cometemos el error de depositarlo todo a las circunstancias, como si la felicidad dependiera de lo bien que nos vaya la vida. Eso reduce mucho nuestra capacidad de acción, porque parece que todo depende del entorno y no es así.”, expone el psiquiatra del Hospital Infanta Leonor.
¿Qué podemos hacer para ser más felices? En su libro, ¿Cómo estás? 21 días para crear el hábito de ser feliz, Quintero plantea un método basado en la repetición de pequeñas acciones cotidianas. No se trata de cambios radicales, sino de introducir una rutina de atención y cuidado emocional. “El libro no promete ser feliz en 21 días, sino crear el hábito de ser feliz. Propone dedicar cinco o diez minutos al día a pensar en nosotros mismos, a entender cómo nos sentimos y cómo gestionamos lo que nos pasa. Eso genera una inercia. A partir de ahí, es mucho más fácil que ese hábito se mantenga en el tiempo”, apunta Quintero.
Dos amigas disfrutan sacándose un 'selfie' con el móvil.
Los cuatro pilares básicos de la felicidad
Para lograrlo, el psiquiatra identifica cuatro pilares fundamentales:
- El entorno. Engloba la vida personal, profesional y relacional, cada una de estas vida posee elementos que se comunican entre sí.
- El afrontamiento. Incluye todo aquello que hacemos para sentirnos bien. Aquí se incluyen acciones como dormir bien, alimentarse correctamente y hacer ejercicio. “Es importante mantener un equilibrio entre todas ellas”, señala el jefe de psiquiatría del Hospital Infanta Leonor.
- La comunicación interna. Hace referencia ese diálogo constante que condiciona nuestra interpretación de la realidad. “Si te levantas por la mañana pensando que va a ser un mal día, tu cerebro se predispone para que lo sea. Esa narrativa interna tiene un gran peso”.
- El impacto. Se entiende como la capacidad de escuchar las señales que nos manda el cuerpo. “El cerebro nos da información muy valiosa sobre nuestro estado de ánimo pero no le hacemos caso, excepto cuando algo nos duele. Es importante hacer un ejercicio de introspección”, reconoce el psiquiatra.
¿Cómo medir nuestro grado de felicidad?
A partir de esos fundamentos, la Clínica Doctor Quintero, en colaboración con la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), está llevando a cabo un estudio para validar científicamente el Índice LUZ-360. Esta herramienta está diseñada para evaluar el bienestar emocional de manera integral, considerando tres áreas fundamentales: logro, que se relaciona con el avance personal y el sentido de propósito; unión, centrada en la calidad de las relaciones y el apoyo social; y zest o vitalidad, vinculada a la al entusiasmo y visión positiva de la vida.