Cuando hace un año, en pleno 40 aniversario, las txosnas de Gasteiz decidieron ponerse "en pausa" debido a la pandemia, poca gente imaginaría que el esperado reencuentro del espacio con sus incondicionales tendría que volver a demorarse un verano después, más allá de La Blanca de 2021.
Pero el covid-19 ha vuelto a dar al traste con las fiestas y la zona universitaria se ha quedado estos días huérfana, por segundo ejercicio consecutivo, de su trajín habitual, de las carpas, la música, la alegría y la reivindicación, de un modelo de ocio alternativo sin el que el ciclo festivo ya no podría entenderse.
La decisión, aunque triste, vuelve a ser obligada, dada la mala situación epidemiológica y ante la dificultad de organizar cualquier programa en medio de cambiantes y duras restricciones.
Incertidumbre total